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  • Foto del escritorRabino David Laor

5782 - Behar - Rabino David Laor

Actualizado: 24 nov 2022

Esta noche 20 de Iyar, contaremos los treinta y cinco días, que son cinco semanas del Omer. Hemos llegado casi a las tres cuartas partes de la cuenta del Omer y nos acercamos cada vez mas al encuentro con la Divinidad. Con ello conectamos la tierra y la agricultura con la cercanía a Dios. Antes en Egipto en los días de Yosef, las tierras eran propiedad de Faraón y de los sacerdotes, como narra la Parashat Vayigash, en el libro del Génesis. Muy por el contrario, la Torá nos enseña, que la propiedad de la tierra es siempre temporal, y si no lo fuese, sería causa de la propagación del mal. Henry George, un economista del siglo XIX, escribió al respecto: "Y dondequiera que los bienes inmuebles se conviertan en propiedad privada absoluta, allí la gente se dividirá necesariamente en dos clases, los muy ricos y los muy pobres... donde la corrupción y la humillación continuarán existiendo".


La lectura de la Tora de esta semana, Parashat Behar, comienza con las palabras: "1 Y habló Adonai a Moisés en el monte de Sinaí, diciendo: 2 Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayan entrado en la tierra que yo les doy, la tierra guardará reposo para Adonai". Tomen nota de lo que dice literalmente el texto: "la tierra que yo les doy", en otras palabras la tierra es de Dios, quien elige a su vez darla al pueblo de Israel. La idea de que la tierra pertenece a Dios, conecta todas los demás temas de la Parashá, y alcanza su culminación en el versículo que dice: “23 La tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra mía es; pues ustedes forasteros y extranjeros son para conmigo”. Para confirmar esto, estamos obligados a abandonar el cultivo de la tierra cada siete años, en el año llamado “Shemitá” y renunciar a la propiedad de la tierra cada 50 años en el año del jubileo llamado “Yovel”.


Con esto, Dios nos enseña algo acerca de nuestra conexión con la tierra que se nos prometió y nos indica que debemos recordar siempre que ese objeto de amor, la Tierra de Israel de hecho no es nuestra, y que la mayor expresión de amor hacia esa Tierra de Israel, es nuestra disposición a renunciar a ella, aunque fuese en forma temporal.


Hoy en día, estamos acostumbrados a pensar en la palabra "liberación", en temas referentes a la tierra, casi siempre con un significado de propiedad, posesión o hasta ocupación política o militar, como lo hacen los críticos con el estado de Israel. Sin embargo, la porción de esta semana, nos enseña importantes leyes de liberación en general: una liberación que signifique entrega y libertad, física, mental y espiritual. Y este concepto de liberación, la podemos extrapolar también a otros conceptos en nuestras vidas. La salida a la libertad y la independencia, al mundo que nos rodea, pues exponernos a este mundo, no siempre es una experiencia fácil. Hay aquellos desean quedarse en casa, separados, encerrados por cuestiones entendibles de pandemia. Pero muchos otros deben exponerse al mundo, en el que encontramos a veces mucho dolor, dificultad y sobre todo pobreza, una gran pobreza. Aquí en este país suelo verlo, al salir en un auto e inevitablemente encontrarme con gente que bajo una fuerte lluvia, piden en los semáforos un poco de dinero para poder sobrevivir. Parashat Behar termina con una importante Mitzva de mantener los ojos abiertos, ser perceptivos y considerar también a los pobres, cuyo destino es menos agradable que el nuestro.


Los últimos versículos de esta lectura de la Tora, tratan sobre la simple ayuda que podemos ofrecer a los pobres, por ejemplo al abstenernos de cobrar intereses por los préstamos que les demos. El escritor y poeta judío Yanai, que vivió en el siglo VI e.c, acerca de la relación entre los pobres y ricos, escribió así: “Como lo es una mano al cuerpo, son uno al otro, ambas manos son para ayudarse, apoyarse con justicia, unos a los otros”. Acorde a Yanai, los pobres y los ricos son partes de un solo cuerpo, y ambos son dependientes unos de los otros. Por lo tanto, al dar caridad, los ricos hacen bondad no solo con los pobres sino también con ellos mismos, porque la sociedad es un todo, y los valores morales en ella son el fundamento de la existencia de todos, tanto ricos como pobres. Parashat Behar crea, por lo tanto, una conexión entre el trato de la tierra y el trato de los seres humanos. Una sociedad que entienda que la propiedad de la tierra no es lo principal, comprenderá también que la propiedad de lo que sea, no es lo principal en lo absoluto, y así, será una sociedad más generosa, más moral, más cercana a la divinidad.


En la Haftará que leemos el día de mañana del Libro de Jeremías capítulo doce, se cuenta la historia de Hanameel, primo de Jeremías, que quiere venderle un campo. Jeremías es encarcelado al mismo tiempo por su profecía de destrucción, que el rey ve como una incitación a la rebelión. Y sin embargo, Jeremías compra el campo, diciendo: “15 Porque así ha dicho Adonai de los ejércitos, Dios de Israel: Aún se comprarán casas, heredades y viñas en esta tierra”. Jeremías profetizó el exilio y fue perseguido y encarcelado por ello, y sin embargo está seguro hizo la compra de la tierra, porque estaba plenamente seguro de que vendrían días mejores. De aquí podemos aprender, que incluso en días muy difíciles como en tiempos de prisión y en vísperas del exilio, Jeremías cree que el Dios que tomó es también el Dios que dará. Él cree que después de cada destrucción y exilio viene un tiempo de construcción y crecimiento. Aún en tiempos de guerra en Europa, aún en tiempos de pandemia y renovadas olas de contagio, podemos estar seguros que llegaran periodos de construcción y crecimiento.


Y así como causamos estragos a nosotros mismos, en un mundo tan afectado ya por el exceso emisiones de carbono, por la enorme cantidad de basura en los mares y ríos, por una terrible contaminación y deforestación que hace la raza humana contra su propia tierra, recordemos que también el crecimiento depende de nosotros mismos. En esto seremos probados como hombres y mujeres con poder, visión y nuevo espíritu: en la capacidad de mantener nuestra imagen incluso en días que se ven tan difíciles, en la capacidad de abrir nuestra mano y tender la mano a todos los que la necesitan, de encontrar dentro de nosotros menos materialismo y mas espiritualidad. No pisotear los derechos de otros, ni destruir nuestro mundo, aunque sea por un pequeño momento de debilidad, aunque sea un obstáculo.


Dios nos dice en esta lectura de la Tora: "La Tierra es mía". Pero entendamos que no se trata sólo de la tierra de Israel, sino de hecho de todo el planeta, absolutamente todo. El Salmo 24 nos dice:“ל-ה’ הארץ ומלואה תבל ויושבי בה - De Adonai es la tierra y su plenitud, el mundo, y los que en él habitan”. Estoy convencido que llegará una redención, lo que no sabría decirles es cuando va a llegar. Quizás llegue el día en que ya no se diga más "nosotros" y "aquellos", sino que comprendamos que todos nosotros, todos los habitantes de la tierra, todos los habitantes del mundo, somos órganos vivos en un mismo cuerpo, llamado mundo, nuestro amado planeta Tierra.


Shabat Shalom!

Rabino David Laor

20 de Mayo, 2022


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