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5781 - Truma - Rabino David Laor

Shabat shalom!

Uno de los poemas religiosos mas hermosos que he leido es sin lugar a duda el del Rabino Yehuda Halevy, que vivio en la epoca de oro del Judaismo en España del siglo XI. El poema original trata sobre una de las paradojas fundamentales de nuestra fe: la creencia en un Dios que no aprecia en ninguna parte, un concepto abstracto y difícil de entender. Al mismo tiempo, se trata de un Dios que está en todas partes, con ello se hace muy real y cercano y parte de nosotros mismos. En nuestro Sidur de rezos podemos encontrar la hermosa estrofa en pagina 37:

Adonai ¿donde podre encontrarte?, en las alturas donde Tu habitas. Y ¿donde no te encontrare? Si el Universo esta lleno de Tu gloria! He buscado Tu cercanía, con todo mi corazón te he llamado. Y al salir a Tu encuentro, yendo hacia mi, te he encontrado…

En la porción de esta semana, Parashat Trumá, encontramos detalladas instrucciones dadas por Dios a Moisés y a todo el pueblo de Israel sobre la construcción de un tabernáculo o Mishkán en el desierto. El tabernáculo acompañaría eventualmente al pueblo de Israel, no tan solo durante los cuarenta años en el desierto, sino que siglos mas tarde, durante la época de los jueces y de los reyes Saul y David, hasta que el Rey Salomón construye el primer templo en Jerusalén. El concepto mismo de hacer un tabernáculo nos obliga a entender una gran paradoja teológica. Apenas dos porciones anteriores leímos de las tablas de los diez mandamientos "Yo soy el Señor tu Dios que te sacó da a tierra de Egipto, de casa de servidumbre... No te harás ninguna imagen esculpida o semejanza alguna". Y ahora, unos capítulos después nos pide algo aparentemente absurdo: "Y me harán un santuario, y habitaré entre ellos". Y no solo un tabernáculo sencillo, sino uno hecho con los mejores materiales. Cómo es posible que el creador del Universo, el Santo Bendito Sea, necesite de “un lugar”, cuando que, acorde a nuestra percepción teológica, y usando las palabras del Rabino Yehuda Halevy nos preguntamos: “¿donde no te encontrare? Si el Universo esta lleno de Tu gloria!”.

Se han requerido muchos sabios intérpretes de varias generaciones para responder a esta pregunta: ¿cómo puede un Dios abstracto necesitar de un tabernáculo? ¿cuál es el papel del tabernáculo y qué necesidad satisface? Y como es costumbre en los sabios, es necesario apoyarse de historias, para poder ofrecer una respuesta satisfactoria. En el Midrash Shemot Rabbah 33-A leemos:

“Es como la parábola de un rey que tenía una hija única. Vino otro de los jovenes reyes y al verla pidió su mano. Cuando le pidieron que regresara más tarde, para llevarsela como esposa, le dijo el Rey [al joven rey]: Mi hija que te doy es una. No puedo retirarme de ella, podría decirte que no la tomes, pero no puedo pues según ella, quiere ser tu esposa. Pero hay algo que me hará bien, dondequiera que vayas, me harás un pequeño favor, y que haya un lugar, que pueda también acompañarte, y que no pueda así, separarme de mi hija”.

La parábola nos enseña que Dios le dijo a Israel: Te he dado a mi hija la Torá. No puedo retirarme de ella, podría decirte que no la aceptes. Pero ya no puedo, la has aceptado sin reservas. Pero entonces, dondequiera que vayas, hazme un lugar en el que pueda estar ahí cerca a ella y de ustedes. Por ello esta escrito: “y habitaré en medio de ellos” no en el lugar mismo. Al parecer, el Midrash se refiere a un templo real, a un tabernáculo para Dios, a una sinagoga como la que tenemos hoy. El tabernáculo original de Dios nos recuerda, según el Midrash, la existencia omnipresente de la divinidad, y a la vez, el hecho de que es Dios, quien nos dio la Torá, su única “hija”, y debemos apreciar el tesoro que nos ha confiado. El Midrash dice más que eso. En un plano espiritual, la historia nos pide que debemos hacerle a Dios, al Rey de Reyes, un “lugar en medio de nosotros”: dondequiera que estemos, en nuestro corazón, en nuestra mente al recordarle y a sus enseñanzas en todo momento y en todo lugar.

Rabi Moshe ben Maimón, el Rambam, entre lo extenso e impresionante de sus obras, estableció que existen ocho niveles de Tzdaká o caridad. El primero y mas alto de ellos, “darle trabajo a un necesitado, o ayudarlo a conseguir uno, para que con su propio esfuerzo, pueda salir del ciclo de la pobreza”. El ultimo de ellos es “Dar con mala gana”. El termino medio está en el quinto nivel que es “Dar antes de que se nos pida”. Veo con gran importancia este quinto nivel y lo considero en particular es importante, debido a que no proviene de un sentido común o de lógica, no es técnico. Cuando s enos acerca alguien a pedirnos ayuda, es esperado que usemos nuestra lógica y sentimiento para responderle. Pero este quinto nivel de caridad requiere algo más: requiere de sensibilidad. Cuando se ayuda a otra persona antes de que nos lo pida, significa abrir no tan solo la mente para entender, sino sentir algo que nos empuje a abrir el corazón, y determinar por nosotros mismos, que esa persona necesita ayuda.

La festividad de Purim será el jueves de la próxima semana, y seguramente ya muchos de ustedes estarán empezando a ocuparse de la fiesta, especialmente cuando se trata de la parte tradicional: cuál será el disfraz mío o de los chicos, que comida y bebida tradicional se preparará, quien va a participar y como se llevara a cabo la lectura de la Meguilá, etc. Pero tendemos a olvidar una mitzvá propia de Purim: Matanot laevionim - la mitzvá de ofrecer a los necesitados algo de ayuda, quizás alguna comida, o un regalo, o dinero. Purim nos ofrece la gran oportunidad de aplicar este quinto nivel de Tzdaká - de caridad determinado por Maimónides: Dar antes de que nos lo pidan. Y no a una persona, sino al menos a dos o más y generosamente, para que se regocijen junto con todo el pueblo de Israel. Uno de los albumes más conocidos de musica Israeli se llama “El borrego 16” y de el una hermosa canción de un niño de 3 años nos dice:

Cuando viajé a la ciudad a visitar al tio Efraim

vimos tiendas de juguetes en Guivataim

Me preguntaron: que quieres? Les dije: bicicleta!

Ok me dijeron, el proximo año!

Cuando viajé a la ciudad a visitar al tio Efraim

pasamos junto a un hombre con calcetines agujereados,

tenia una cara triste, estaba apoyado en un palo,

mama me pidio no verlo, pero lo observe...

Cuando viajé a la ciudad a visitar al tio Efraim

fue en invierno hace dos años,

desde entonces crecí, ya tengo bicicleta!

casi olvido que una vez tuve 3 años!

solo aquel hombre con calcetines agujereados, no me sale de la cabeza...

Construir un templo dentro de nosotros mismos es construir esa sensibilidad como del niño en la canción. Es hacer en nosotros mismos, en nuestro corazón y dondequiera que vayamos, un lugar, como las palabras del Midrash, que nos recuerde que hay una Torá y que contiene mandamientos. Que nos recuerde, que hay un Dios que nos la dió y que nos creó a todos iguales, tanto aquellos que tienen, como aquellos que tienen menos.

Shabat Shalom!

Rabino David Laor

19 de Febrero, 2021


 

Shabbat shalom!


One of the most beautiful religious poems I have read is, without a doubt, the one of Rabbi Yehuda Halevy, who lived in the golden age of Judaism in Spain, in the 11th century. The original poem deals with one of the fundamental paradoxes of our faith: the belief in a God, who does not appear anywhere, an abstract and difficult to understand concept. At the same time, it is about a God who is everywhere, and so, he becomes very real, close and part of ourselves. In our prayerbook, the Sidur, we can find part of this beautiful poem, on page 37:


Adonai, where shall I find You? In the heights where You dwell. And where shall I not find You? If the Universe is filled with Your glory! I have sought Your nearness, with all my heart I have called out to You. And when I went out to meet You, going towards me, I have found You...


In this week's portion, Parashat Truma, we find detailed instructions, given by God to Moses and all the people of Israel, regarding the construction of a tabernacle, or Mishkan, in the desert. The tabernacle would eventually follow the people of Israel, not only during the forty years in the desert, but centuries later, during the time of the judges and of the kings, Saul and David, until King Solomon built the first temple in Jerusalem. The very concept of making a tabernacle forces us to understand a great theological paradox. It was just two portions ago, that we read from the tables of the ten commandments: "I am the Lord your God who brought you out to the land of Egypt, from the house of slavery... You shall not make any sculpted image or any likeness". And now, a few chapters later, the Lord is asking us for something apparently absurd: "And they will make me a sanctuary, and I will live among them". And not just a simple tabernacle, but one made with the best materials. How is it possible that the Creator of the Universe, the Holy One, Blessed Be He, needs “a place”, when, according to our theological perception, and using the words of Rabbi Yehuda Halevy - we ask ourselves: “where shall I not find You? If the Universe is filled with Your glory!”.


Many wise interpreters of several generations have been required to address this question: how can an abstract God need a tabernacle? What is the role of the tabernacle and what need does it satisfy? And as is the custom among the sages, it is necessary to rely on stories, to be able to offer a satisfactory answer. In the Midrash Shemot Rabbah 33-A, we read:

It is like the parable of a king who had only one daughter. Then came another of the young kings and when he saw her, he asked for her hand. When they asked him to return later, to take her as his wife, the King said [to the young king]: My daughter that I give you is one. I can't withdraw from her, I could tell you not to take her, but I can't because according to her, she wants to be your wife. But there is something that will do me good, wherever you go, you will do me a small favor, that there shall be a place that I may also accompany you, and that I cannot thus separate myself from my daughter”.


The parable teaches us that God said to Israel: I have given you “my daughter”, the Torah. I cannot withdraw from it; I could have told you not to accept it, but I can no longer do so since you have accepted it without reservation. So, wherever you go, make me a place where I can be there close to her, and to you as well. That is why, it is written: “and I will dwell in their midst”, not in the place itself. Apparently, the Midrash refers to a royal temple, a tabernacle for God, a synagogue, like the one we have today. The original tabernacle of God reminds us, according to the Midrash, of the omnipresent existence of the divinity, and at the same time, the fact that it is God, who gave us the Torah, his only "daughter", and we must appreciate the treasure that has been given to us. But the Midrash says more than that. On a spiritual level, the story asks from us to make for God, the King of Kings, a “place in our midst”: wherever we are, in our hearts, in our minds, by remembering Him, of His teachings, at all times and in every place.


Rabbi Moshe ben Maimon, the Rambam, among his extensive and impressive works, he established that there are eight levels of Tzdaka, or charity. The first and highest of them is: "To give work to a needy person, or help him to get one, so that with his own effort, he may get out of the cycle of poverty". The last one is: "Giving reluctantly". In between, there is the fifth level, which is: "To give before we are requested". I find great importance in this fifth level, because it is not intuitive and does not come from common sense or logic, it is not technical. When we hear about someone asking for help, we are expected to use our logic and emtion to respond to them. But this fifth level of charity requires something more: it requires sensitivity. When you help others before they ask, it means opening not only your mind to understand it, but also feeling something that pushes you to open your heart and determine for yourself what that person needs are.


The coming Thursday, of next week, we will celebrate the festival of Purim, and probably, many of you will already be starting to take care of the festivity, especially when it comes to the traditional part: what will our or the kids' costume be, what traditional food and drink will be prepared, who will participate and how the reading of the Megillah will be carried out, etc. But we tend to forget a mitzvah designated especially to Purim: Matanot laevionim - the mitzvah of offering those in need of help, perhaps, some food, or a gift, or money. Purim offers us the great opportunity to apply this fifth level of Tzdakah - the charity determined by Maimonides: to initiate giving without being asked. And not just to one person, but at least two or more, and generously so, for them to rejoice together with all the people of Israel. One of the best known Israeli music albums is called "The 16th sheep", which encloses a beautiful song, that is told by a 3 year old child:


When I traveled to the city to visit uncle Efraim

we saw toy stores in Givataim

They asked me: what do you want? I told them: a bike!

Ok they told me, next year!

When I traveled to the city to visit uncle Efraim

We passed a man in leaky socks

he had a sad face, he was leaning on a stick,

Mom asked me not to see him, but I observed him...

When I traveled to the city to visit Uncle Efraim

It was in winter two years ago,

Since then I grew up, I already have a bike!

I almost forgot that I was once 3 years old!

only that man with leaky socks does not come out of my head...


To build a temple within ourselves, is to build the sensitivity like of the child in the song. It is to make in ourselves, in our hearts, and wherever we go - a place, like the words of the Midrash, that reminds us that there is a Torah, which contains commandments. It may remind us that there is a God who gave it to us, and who created us all equal, those who have more, and those who have less.


Shabbat shalom!

Rabbi David Laor

February 19th, 2021

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