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5765 - Shemini - Rabino Rami Pavolotzky

Actualizado: 24 nov 2022

Parashat Shemini 5765


En la última sección de la parasha de la semana (Vaikra cap. 11) aparecen las normas alimenticias, que más tarde la tradición rabínica estudiará, ampliará y codificará como las reglas de kashrut. La Tora nos enuncia cuáles son los animales y peces permitidos y cuáles los prohibidos, la mayoría de los cuales se desprende de un par de reglas generales.

Muchas explicaciones se han dado a lo largo de los siglos acerca de porqué debemos comer kasher. Una de ellas sostiene que lo importante no es el detalle de cuáles animales están prohibidos, sino el hecho de tener un límite claro en nuestra alimentación. Así como la Tora pone límites al hombre en sus relaciones fraternales, sociales y comerciales en general, así también nos pone límites en nuestro quehacer diario. El hecho de tener que seguir una dieta determinada nos recuerda que no somos nosotros los dueños últimos de lo que hay en la Tierra, que la vida que tenemos es un regalo divino, como así también nuestro alimento diario. Comer kasher nos obliga día a día a limitar nuestro instinto natural por dominarlo todo, marcándonos un límite claro y preciso que nos recuerda nuestra condición de seres humanos finitos. Así lo ha vivido nuestro pueblo desde hace miles de años.

Shabat Shalom,

Rabino Rami Pavolotzky



 

Parashat Shemini 5765


In the last section of this week’s parasha (Vayikra chapter 11) the food standards first appear, which the rabbinical tradition will study, enlarge and codify as the kashrut rules. The Torah declares which are the animals and fishes that may be eaten, and which are prohibited - most of these are derived from a couple of general rules.

Many explanations have been given through the centuries regarding why we must eat kosher. One of them holds that what is important isn’t the detail of which animals are not permitted, but to have a clear limit in our food.

As the Torah puts limits on man in his brotherly, social and commercial relations in general, so it puts limits on our daily tasks. To have to follow a determined diet reminds us that we are not the ultimate owners of what is on the Earth: that the life we have is a divine gift, as well too is our daily food. To eat kosher compels us day by day to limit our natural instinct to master everything, setting up a clear and exact limit that reminds us of our finite human condition. This is the way our people have lived for thousands of years.

Shabbat Shalom,

Rabbi Rami Pavolotzky

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