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5768 - Nitzavim - Rabina Daniela Szuster

Actualizado: 24 nov 2022


NITZAVIM 5768

Deuteronomio - Devarim 29: 9-30:20

27 de septiembre, 2008 - 27 de Elul, 5768

Rabina Daniela Szuster

Congregación B´nei Israel de Costa Rica


Todos podemos ser partícipes del pacto divino

Comienza la parashá diciendo: “Vosotros estáis erguidos hoy, todos vosotros: ante Adonai vuestro D”s, vuestros jefes, los de vuestras tribus, vuestros ancianos y vuestros alguaciles, toda persona de Israel. Vuestros infantes, vuestras mujeres, y tu forastero, que está en medio de tu campamento, desde el que recoge tu leña hasta tu aguador. Para tu pasar por el pacto de Adonai tu D”s, y en su imprecación; que Adonai tu D”s, concerta contigo el día de hoy” (Devarim 29: 9-11).

Llama la atención que en estos versículos dice, por un lado, que está todo el pueblo de pie frente a D”s, y a continuación nombra a diferentes integrantes del pueblo. ¿Cuál es la necesidad de nombrar a las diferentes jerarquías?, ¿acaso no es suficiente con decir que Moisés se dirigía a todo el pueblo?

Quizás la intención de detallar a cada uno de los integrantes del pueblo sea para evitar que quienes suelen detentar el poder y ocupar lugares de mayor jerarquía dentro de la sociedad, sean quienes se adueñen del pacto con D”s y de la sabiduría de la Torá, impidiendo que otros tengan la oportunidad de acceder a ellos. Al hacer la aclaración, nos recuerda que todos estuvieron presentes en aquel momento del pacto y que cada integrante del pueblo puede ser partícipe de dicho legado.

Éste no es un versículo aislado, sino que podemos encontrar otros que expresan la misma idea. Por ejemplo, en la parashá de la semana que viene leeremos: “Congrega al pueblo: los hombres y las mujeres y los infantes, y tu forastero, el que está en tus ciudades, para que hayan de escuchar y para que hayan de aprender, y habrán de venerar a Adonai vuestro D”s, y cuidarán para cumplir, todas las palabras de la Torá esta”. (Devarim 31:12).

Se nos cuenta acerca de la época de Ioshua: “No hubo palabra alguna de todo cuanto mandó Moshé, que Ioshua no hiciese leer delante de toda la congregación de Israel, y de las mujeres, de los niños y de los extranjeros que moraban entre ellos” (Josué 8: 35).

Estas tres fuentes son muy claras: cada uno de los miembros del pueblo, más allá del status social impuesto por la sociedad desde su nacimiento, tenía derecho a ser parte del pacto, de cumplir los mandamientos y escuchar la lectura de la ley. No se habla de separación entre ricos y pobres, mujeres y hombres, adultos y ancianos. A pesar de las diferencias y jerarquías impuestas, todos están en el mismo nivel frente a D”s; no se manifiesta segregación, opresión ni discriminación.

La sociedad occidental, desde sus orígenes, se estructura a partir de jerarquías y diferencias sociales, siendo unos grupos los amos y otros los esclavos, unos los que detentan el poder y otros los que se deben someter a este. Unos los que pueden acceder al conocimiento y otros a los que se les prohíbe acceder. Gran parte de la historia de la humanidad es la lucha por ser amo y dejar de ser esclavo. El gran paradigma es que unos son la norma y los que no encajan, están por fuera de esta. Así tenemos cientos de grupos minoritarios marginados por no coincidir con la supuesta norma. Siendo tan diferentes los seres humanos, ¡cómo podemos entrar todos dentro de una misma vara! Los triunfadores son quienes no sólo tienen el poder sino el saber y el privilegio de transmitirlo a sus iguales. Esta es la realidad durante cientos de años hasta el día de hoy. Ha habido cambios en las últimas décadas, pero no los suficientes para vivir en una sociedad igualitaria y justa. Nuestra tradición no ha sido una excepción, pero podemos encontrar un mensaje escondido que nos dice que D”s se acerca a todos por igual; para todos está abierto el pacto, sin negar que somos diferentes.

Volviendo a los primeros versículos de nuestra parashá, hay un Midrash que se pregunta cuándo será el momento en que todo el pueblo estará realmente erguido ante D”s y contesta diciendo que será en el momento en que estén unidos como un atado de paja. Cuando alguien toma un atado de paja, es muy difícil que pueda quebrarlo. Sin embargo, cuando toma paja por paja, hasta un bebé puede partirlo. De esto se deduce que el pueblo de Israel sólo será redimido cuando estemos tan unidos como un atado de paja. (Ilkut Shimoni). Podemos agregar, cuando haya igualdad, respeto y justicia entre todos los seres humanos. Cuando jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, ricos y pobres, a pesar de las diferencias, estén unidos frente a D”s.

Todos, absolutamente todos tienen la posibilidad de ser partícipes del pacto. En cada uno de nosotros recae la posibilidad de pactar y de mantenerlo erguido. Lo que importa no es la edad, el sexo o el estatus social sino manifestar voluntad, coraje y fe. Depende de nosotros ponernos de pie frente a D”s en cada momento de nuestra vida.

Dentro de muy pocos días comenzaremos a vivenciar los Iamim Noraim. Quizás sea el momento propicio para preguntarnos a nosotros mismos qué tipo de pacto practicamos cotidianamente y a cuál realmente queremos adherirnos en este nuevo año entrante. Qué pactos habíamos planificado y no realizamos. Qué prometimos y no cumplimos y qué nos proponemos hoy. Qué pacto deseamos enseñarle a nuestros hijos y cuál le estamos enseñando efectivamente.

Quiera D”s que en estos Iamim Noraim podamos renovar nuestro pacto, podamos comprometernos y unirnos. Podamos lograr que todos los integrantes de la sociedad sean respetados y puedan vivir dignamente.


Shabat Shalom!



 

NITZAVIM 5768

Deuteronomy - Devarim 29: 9-30:20

September 27, 2008 - 27 Elul 5768

Rabbi Daniela Szuster

Congregation B’nei Israel, Costa Rica


We may All participate in the Divine Covenant


The parashah begins saying: “Ye are standing this day all of you before the Lord your G-d: your heads [leaders], your tribes, your elders, and your officers, even all the men of Israel, your little ones, your wives, and thy stranger that is in the midst of thy camp, from the hewer of thy wood unto the drawer of thy water; that thou shouldest enter into the covenant of the Lord thy G-d – and into His oath – which the Lord thy G-d maketh with thee this day” (Deut. 29:9-11).

It is interesting that, in these verses, it says that the entire people are standing before God but, immediately after, it names different members of the people. Why name the different hierarchies? Isn’t it enough to say that Moses was addressing the entire nation?

Perhaps the purpose of listing each one of the members of the people is to prevent those who hold power and occupy more important positions within society from being the ones who take over God’s covenant and the Torah’s wisdom, preventing others from gaining access to them. With this explanation, we are reminded that everyone was present at the time of the covenant, and that each member of the people may share in such legacy.

This is not an isolated verse; we can find many others expressing the same idea. For instance, in next week’s parashah we will read: “Assemble the people, the men and the women and the little ones, and thy stranger that is within thy gates, that they may hear, and that they may learn, and fear the Lord your G-d, and observe to do all the words of this law” (Deut. 31:12).

We are told about Yehoshua’s times: “There was not a word of all that Moses commanded, which Joshua read not before all the assembly of Israel, and the women, and the little ones, and the strangers that walked among them.” (Joshua 8:35)

These three sources are quite clear: each one of the members of the people, beyond the social status imposed by society from birth, had the right to participate in the covenant, to fulfill the commandments, and listen to the reading of the law. There is no mention of separation between rich and poor, women and men, adults and elders. Notwithstanding the imposed differences and hierarchies, they are all at the same level before God; there is no segregation, oppression, nor discrimination.

Western society, since its origins, is structured from hierarchies and social differences, some being the masters and some the slaves, some the ones with power and others the ones subject to it. Some with access to knowledge, and others prohibited from accessing it. A main part of the history of humanity is the struggle to become masters and stop being slaves. The great paradigm is that some are the norm, and those who do not fit in, are outsiders. Thus, we have hundreds of minority groups, marginalized because they do not agree with the alleged norm. Human beings being so different, how could we be measured on the same scale! The winners are those not just holding power but also the wisdom and privilege to transmit it to their equals. This has been our reality for hundreds of years, and is still so today. There have been changes in the last decades, but not enough for us to live in an egalitarian and fair society. Our tradition has not been an exception, but we may find a hidden message telling us that God approaches everyone equally; the covenant is open to everybody, even if we are different.

Going back to the first verses of our parashah, there is a Midrash that asks when will be the time when the entire people will really be standing before God, and answers that it will be the moment they are united as a bale of hay. When someone takes a bale of hay, it is difficult to break. However, when someone takes separate strands of hay, even a baby can break it. From here we infer that the people of Israel will only be redeemed when we are united as a bale of hay (Yalkut Shimoni). We could add: when there is equality, respect, and justice between all human beings. When young and old, men and women, rich and poor, despite their differences, are united before God.

Everyone, absolutely everyone, has the chance to participate in the covenant. The possibility to observe the covenant and keep it upright falls in each one of us. What matters is not age, gender, or social status, but rather will, courage, and faith. It is up to us to stand before God each moment of our lives.

In a few days we will begin to experience the High Holy Days. Perhaps it is the appropriate time for us to ask ourselves what kind of covenant do we practice daily, and which covenant do we want to join this coming year. What mitzvot had we planned and didn’t perform. What did we promise and did not fulfill, and what are our current goals. What mitzvah do we want to teach our children, and what are we really teaching them?

May we renew our covenant these High Holy Days, may we commit and unite. May we achieve a world where all members of society are respected and can live with dignity.


Shabbat Shalom!

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