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5782 - Kedoshim - Rabino David Laor

Actualizado: 24 nov 2022

Muchos de los ritos y costumbres de duelo judíos, que nos son familiares hoy en día, se formaron en Ashkenaz, Europa Oriental durante el periodo de las Cruzadas. La Biblia también describe algunas actividades que formaron el núcleo de las costumbres de duelo que se formaron más tarde como el enterrar en la tierra en lugar de cuevas, el rasgar la ropa, las palabras antes del entierro mismo, los siete días de Shiva y otras costumbres más. En la Tora se describen también costumbres de duelo que tenían otros pueblos, y que están prohibidas, una de esas costumbres es la prohibición del tatuaje, como está escrito en la porción de esta semana Parashat Kedoshim, en el libro de Levítico 19: “28 Y no harán rasguños en su cuerpo por un muerto, ni imprimirán en ustedes tatuaje alguno. Yo Adonai”.

Esta prohibición aparece dos veces más en la Tora con una pequeña variante, en Levitico 21 les pide a los sacerdotes Cohanim, que: “5 No harán tonsura en su cabeza, ni raerán la punta de su barba, ni en su carne harán rasguños”. Finalmente en Deuteronomio 14 se extiende esta prohibición a todo el pueblo como dice el versículo: “1 Hijos son de Adonai su Dios; no se sajarán, ni se raparán a causa de muerto”. Estas prohibiciones se refieren a una de las costumbres de duelo que eran habituales en las naciones que rodeaban al pueblo de Israel: el cortarse, lastimarse y tatuarse el cuerpo como señal de duelo por sus muertos. Rashi explica que “’tatuar el alma’ como dice el texto hebreo en sí, era la forma en que los Amorreos se cortaban la carne cuando morían sus parientes”. El luto, según nos enseña la Tora, debe ser limitado. El doliente no puede hundirse en un dolor hasta el punto de atentar contra su propio cuerpo. De la misma manera, se han establecido períodos de tiempo definidos y limitados dentro de los cuales es costumbre guardar luto: siete días de Shivá, treinta días de Shloshím, y anualmente el Yahrzeit o Izkor, el día anual de conmemoración.


La demarcación y restricción del duelo, pretenden indicar a los dolientes el camino para volver a la sociedad y no alejarse de ella. Instruir sobre las etapas que conducen del mundo del duelo y de la muerte, al mundo de la vida. Pero estas limitaciones, se aplican al cuerpo del doliente y se refieren a los signos externos de su duelo. Sin embargo, el texto en nuestra Parashá, indica: “וְשֶׂרֶט לָנֶפֶשׁ” - “la marca en el alma”. De ahí que podamos preguntarnos, ¿Qué sucede con la marca en el alma misma? ¿Es posible delimitarla? ¿Es posible limitar una herida con el que una persona lesiona su memoria, su pensamiento, su reconstrucción, o con la que llega a enterrarse en su dolor?


Este año, la lectura de Parashat Kedoshim se hace en la semana en la que conmemoramos el Yom Hazikaron, el día del Heroísmo y el Recuerdo de los caídos en las guerras de Israel y atentados terroristas. Esta semana enfatizó dolorosamente una marca en el alma de aquellos que experimentaron este intenso dolor por la pérdida de lo más valioso. Esta marca es tan fuerte y significativa que el dolor en sus almas, llega hasta nuestras almas. Somos un pueblo que se ha marcado el alma, ya por varias generaciones desde 1860, cuando sucedieron los primeros ataques contra los asentamientos pioneros en la Palestina británica, mucho antes de la creación del estado de Israel. Es un encuentro de Kedoshim – Santos en la misma semana, con el Día de la Memoria por nuestros muertos, y no solo ellos, sino recordando que aún continua la guerra en Ucrania y junto a ello, los recientes atentados en Israel. Pareciera que todo este concepto de “marcarse el alma” sea más relevante que nunca.


¿Debemos limitar el duelo y si es así, cómo debemos hacerlo? o quizás debamos continuar recordando los traumas de un pasado que nos acompañan ante nuevos retos actuales? ¿Somos capaces de mantener un duelo cada año, que pueda cubrir nuevas heridas, esas “marcas del alma” que tanto la historia como el presente nos afectan? Pero, Yom Hazikaron termina justo cuando comienza Yom Hatzmaut y con un cántico de esperanza la “Hatikva”. El simbolismo de todo esta transición es muy significativo para nosotros. Todos en su propia forma de encuentro con la Divinidad, hacemos una Havdalá espiritual, una separación inmediata de lo triste a lo alegre, de la oscuridad del recuerdo a la luz de la esperanza, de escuchar una sirena detenidos, a escuchar la música de Hora y bailar. Es como tener prisa en una carrera por encender una luz que venza a las tinieblas. Nuestra alma desea producir la mayor cantidad posible de plaquetas que cubran esas “heridas y marcas en el alma”, trata lo más pronto posible de bailar, cantar y festejar con tanto amor y santidad como sea posible para que logren opacar el odio entre los individuos y los pueblos. Cada año, alrededor del Día de la Memoria de Yom Hazikaron, siento que la herida en mi alma se encoge y desvanece, ¡han pasado 74 años! Cada año, siento que tengo menos y menos que decir sobre estos difíciles días de recuerdo a nuestros muertos: Yom Hashoa por el Holocausto y Yom Hazikaron por las guerras de Israel. Y aunque cada vez me cuesta más trabajo encontrar palabras que traigan consuelo, nunca olvido que Yom Hashoa nos recuerda lo que puede suceder si no existiera Medinat Israel, y Yom Hazikaron nos recuerda el alto costo que se paga por tener a Medinat Israel, esta increíble nación. Y cuando sienta que se terminen las palabras, seguramente comenzará la oración, que pueda tocar más allá de las palabras y traernos un poco de consuelo: “Shir Hamaalot, mimaamakim karatija Elohim, Adonai shima bekoli tihiyena ozneja kashuvot lekol tajanunai” – “1 Cántico gradual - de lo profundo, a ti clamo Adonai. 2 Señor, oye mi voz, estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica” Salmo 130


Shabat Shalom!

Rabino David Laor

6 de Mayo, 2022


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