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5776 - Vaerá - Rabino Darío Feiguin

“Reinventarse”

Parashat Vaerá. B´nei Israel, 2016

Rabino Darío Feiguin



Parashat Vaerá comienza con una revelación de Ds a Moshé. Le dice que a los patriarcas Abraham, Itzjak y Iaakov, se mostró como “El Shadai”, y que su nombre “Adonai”, no fue revelado hasta ahora.


En la teología bíblica, esta evolución significa un desarrollo en la comprensión humana de los fenómenos que hacen a la dimensión divina.


Junto con esto, hoy ciertamente una evolución natural; intrínseca.

No es lo mismo lo que puede entender un chico de 4 años, que un adolescente de 15 o un adulto de 50. Además del desarrollo intelectual y psíquico, hay un bagaje que sólo se adquiere a través de la experiencia.


Esto pasó en el Judaísmo también. Aquellos que alguna vez penetramos en la Historia de nuestro Pueblo, sabemos que no era igual el Judaísmo de Abraham Avinu que el de Moshé en el desierto. Asimismo, también era diferente el Judaísmo de Isaías y los Profetas clásicos, y el de Rabi Akiva y la época rabínica, y el de Maimónides y los filósofos medievales.


El Judaísmo fue cambiando, gracias a Ds y gracias a la capacidad de los judíos de adaptarse a los cambios de los Tiempos.


Aquellos que estuvieron aquí la segunda mañana de Rosh Hashaná, tal vez recuerden que hablé de Rabi Najaman Krojmal. El era un filósofo judío del siglo XIX, pero de la Europa Oriental y ortodoxa. Precisamente y paradójicamente, él aportó esta idea de adaptarse a los cambios de las épocas, en base a una interpretación muy personal de la visión de la Historia de Hegel.


De acuerdo a la dialéctica Hegeliana, los pueblos nacían, llegaban al apogeo, y luego decaían y desaparecían tragados por una civilazación superadora. Esto sigue la ecuación de los procesos cognitivos de tesis, antítesis y síntesis. En la síntesis, un pueblo, dejaba de existir para darle lugar a uno nuevo y mejor.


Pero el Pueblo judío, decía Krojmal, encontró siempre después de la síntesis, una nueva tésis que lo catapultaba nuevamente hacia una existencia creativa. Parafraseando a Krojmal, hoy diríamos que el pueblo judío existe hoy, gracias a su capacidad histórica de reinventarse.


No se puede entender nuestra Historia de otra manera, sin el esfuerzo por interpretar la realidad, muchas veces trágica, y salir adelante con una nueva propuesta vital.


Hasta tal punto es fuerte esta idea, que la misma Torá nos lo enseña a partir de la evolución teológica desde El-Shadai hacia Adonai.


Muchas veces, como en nuestra época, el Judaísmo se reinventó de diferentes maneras, hasta el extremo de sentir que hay diferentes Judaísmos, cosa que existió muchas veces en la Historia, y que también caracterizó a nuestro Pueblo: esa capacidad para vivir el pluralismo, aceptar las diferencias y poder convivir con ellas.


Lo que creo importante que podamos entender de nuestra Historia, es que las cosas cambian.

Cambian las situaciones y junto con esto, cambia nuestra interpretación de la Realidad. Sufrimos crisis vitales que nos sacuden. Perdemos seres queridos y también somos testigos de nacimientos. Se quiebran relaciones de años y también se crean nuevas.


La Vida es dinámica y a veces los cambios suelen ser crueles. Frente a esto, no podemos quedar anclados en un pasado que mitificamos, y al que inexorablemente no podemos volver.

Del mismo modo que no podemos vivir con la fantasía de un futuro, también mítico e inalcanzable.


Lo que quiero decir es que a veces tenemos que reinventarnos. Tenemos que tomar del pasado las raíces, las memorias, la experiencia, los cambios y la capacidad de adaptarse a lo nuevo. Y tenemos que enfrentar el futuro con fe, con ideales renovados, con metas y desafíos que nos lleven a intentar modificar la realidad. Esta enseñanza no es teológica ni histórica, sino existencial. Es algo que nos toca a cada ser humano, a partir de nuestra propia condición.


Ojalá podamos aprender de la Torá y de nuestra Historia Judía, cómo enfrentar esta aventura que se llama Vida, para encararla con dignidad y con coraje.


Ojalá cada uno de nosotros sea capaz de intentar reinventarse una y otra vez, para no comenzar su decadencia existencial, sino volver a creer que siempre es posible, si uno se lo propone con fe y decisión, recomenzar una nueva etapa de crecimiento y realizaciones.




 

Reinventing Ourselves”

Parashat Vaera. B’nei Israel, 2016

Rabbi Dario Feiguin



Parashat Vaera starts with a relevation of G-d to Moses. G-d says to Moses that when He addressed the patriarchs Abraham, Isaac, and Jacob, He identified himself as “El Shaddai”, and that His name, “Adonai”, was not revealed until now.

In Biblical theology, this evolution implies a development in human understanding of the phenomena that comprises the divine dimension.

In line with this, there is assuredly a natural evolution, an intrinsic one. The understanding of a 4-year-old child, a 15-year old teenager, or a 50-year-old adult cannot be compared. In addition to one’s intellectual development and psyche, life experience plays a significant role in this evolution.

The same evolution occurred within Judaism. Those of us who delve deep into the history of our people know that Abraham Avinu’s Judaism was different from that of Moses while wandering in the wilderness. Likewise, there is no comparison between Isaiah’s and the classical prophets’ Judaism, Rabbi Akiva’s and the rabbinical era, and Maimonides’ and medieval philosophers.

Judaism changed throughout time, thanks to G-d and also to the ability of Jews to adapt to changes around them.

Those of you who were here the second morning of Rosh Hashanah perhaps remember that I spoke about Rabbi Nachman Krochmal. He was a 19th century Jewish philosopher, from the Orthodox and Eastern Europe. Precisely and paradoxically, he expounded on this idea of adaptation to the changes throughout different eras in world hisotry, based on a very personal interpretation of the vision of history expressed by Hegel.

According to Hegelian dialectics, people and nations come to being, reach their peak, and then decline and disappear, swallowed by superior civilizations. This pattern follows the equations of the cognitive process of thesis, antithesis, and synthesis. In synthesis, a people cease to exist in order to make way for something newer and better.

However, according to Krochmal, the Jewish people always found a new thesis after the synthesis, allowing them to launche themselves into a new and creative existence. Rewording Krochmal’s idea, “now we would say that the Jewish People exist today, thanks to their historical capacity to reinvent themselves.”

There is no other way to understand our history. We have to come to grips with our reality, tragic at times, and continue moving forward with a new vital purpose for ourselves.

This idea is so powerful that the Torah itself deals with it, based on the theological evolution from El-Shaddai to Adonai.

Even in our own era, Judaism has often reinvented itself in different ways, to the point where we may feel that there are different kinds of Judaism. However, this has happened several times throughout history, and is characteristic of our People: the capacity to experience pluralism, accepting the differences and livng in harmony with them.

I believe that it is important to understand, based on our history, that things change. Situations change and along with it, our interpretation of reality changes. We suffer life-changing crises that shake us to our core. We lose loved ones and we also witness the miracle of birth. Long-standing relationships break up and yet, we create new ones.

Life is dynamic and some changes tend to be cruel. In the face of these changes, we cannot remain anchored to a past that is more mythological than real, and which we inexorably cannot bring back ever again. At the same time, we should not live with a mythical and unreachable fantasy of the future in mind.

What I am trying to say is that sometimes we have to reinvent ourselves. We have to harvest from our past the roots, memories, experience, changes, and capacity to adapt to a new reality. Also, we have to embrace the future imbued with trust, renewed ideals, goals and challenges that might allow us to try to modify reality. This teaching is not theological nor historical, but rather existentialist. It is something that each and every human being has do deal with, as part of our own human condition.

May we learn from the Torah and from our Jewish History, how to face this adventure called Life, so that it is filled with dignity and courage.

May each and everyone of us be capable of reinventing ourselves over and over again, so that we do not fall into an existencial decline but believe that it is always possible, to restart a new stage of growth and fullfilment, enriched with faith and power of decision.

Translated by Fredjoseph Goldner


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