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5784-Parashat Nasó-Rabino Mariano Del Prado


 La parashá de esta semana es la más larga de la Torá, ya que cuenta con 176 psukim (versículos). En ella se despliega la organización del trabajo que tenía que realizarse en relación al Mishkán (santuario del desierto). Tres familias fueron censadas entre los 30 y 50 años de edad (los hijos de Gershon, los de Merari y los de Coat). Todos al mando de Itamar, hijo del Sumo Sacerdote Aarón, tenían la función de transportar los elementos del santuario a lo largo del desierto. Esto nos enseña que a lo largo del camino, estas personas “se pusieron al hombro el corazón mismo de la comunidad en tránsito”.  

 

A pesar de la extensión de esta parashá, vamos a encontrar en ella tan solo tres mitzvot, las cuales forman parte del conjunto total de las 613 mitzvot. Paso e enumerarlas:

 

·         El precepto de enviar al impuro ritualmente fuera del campamento de la Shejinah (Presencia Divina).

·         Que una persona ritualmente contaminada no debe entrar a ninguna parte del Santuario.

·         El precepto de confesar nuestros errores, nuestros pecados.

            Si bien hoy no contamos con el Santuario móvil (Mishkán) o el Templo (Beit Hamikdash), nuestros sabios nos han enseñado que Dios habitará en los espacios sagrados que creamos, ya que ellos son considerados un Mikdash Me´at, un templo en miniatura (Meguiláh, 29a). Por otro lado, el profeta Isaías ya había señalado que la presencia divina, habita en el corazón exento de soberbia, o sea en el corazón de los humildes (Isaías 57).

            Estos preceptos podemos aplicarlos de igual manera hoy que hace 2500 años, entendiendo que nuestra comunidad es nuestro Mishkan. Qué importante es poder realizar una introspección diaria para identificar las “impurezas” que nuestras almas acarrean sin siquiera darnos cuenta.  Qué importante es ocuparnos de aconsejar (no hablo de juzgar) a quienes pueden tomar alguna decisión equivocada. Qué importante saber pedir perdón cuando tomamos conciencia de nuestros errores.

 

            Finalmente, Moshé terminó de erigir el Mishkán y los jefes de las tribus de Israel presentaron una ofrenda cada uno durante los doce días que duró la inauguración del Mishkán. Luego de ello, finaliza nuestra parashá, diciendo que “entró Moshé al Mishkán y escuchó la voz de Dios”.

 

            Tal como lo dijimos antes, tú eres tu propio Mishkan, en ti habita la divinidad, eres una expresión de Su luz infinita. Si te permites entrar escucharás en el sonido de tu silencio interior, el eco de Su presencia. Tal vez no distingas palabras, pero sentirás el efecto de ellas, porque “pondrá en ti lo que tu alma más desea, paz”.

           

Shabat Shalom

Rav Mariano del Prado.


 

PARASHAT NASO

This week's parsha is the longest in the Torah, as it features 176 psukim (verses). In it, the organization of the work that had to be carried out in relation to the Mishkan (desert sanctuary) is displayed. Three families were censused between the ages of 30 and 50 (the sons of Gershon, those of Merari, and those of Kohath). All under the command of Ithamar, son of High Priest Aaron, had the function of transporting the elements of the sanctuary throughout the desert. This teaches us that along the way, these people "shouldered the very heart of the community in transit."  

 

Despite the length of this parshah, we will find in it only three mitzvot, which are part of the total set of 613 mitzvot. I am going to detail them:

 

1.            The commandment to send the unclean ritually out of the camp of the Shekinah (Divine Presence).

2.            That a ritually contaminated person should not enter any part of the Sanctuary.

3.            The precept to confess our mistakes, our sins.

            Although today we do not have the mobile Shrine (Mishkan) or the Temple (Beit Hamikdash), our sages have taught us that God will dwell in the sacred spaces we create, since they are considered a Mikdash Me'at, a miniature temple (Megillah, 29a). On the other hand, the prophet Isaiah had already pointed out that the divine presence dwells in the heart devoid of pride, that is, in the heart of the humble (Isaiah 57).

 

            We can apply these precepts in the same way today as we did 2500 years ago, understanding that our community is our Mishkan. How important it is to be able to carry out a daily introspection to identify the "impurities" that our souls carry without even realizing it.  How important it is to take care of advising (I am not talking about judging) those who may make wrong decisions. How important it is to know how to ask for forgiveness when we become aware of our mistakes.

 

            Finally, Moses finished erecting the Mishkan and the chiefs of the tribes of Israel each presented an offering during the twelve days of the inauguration of the Mishkan. After that, our parsha ends by saying that "Moses entered the Mishkan and heard the voice of God."

 

            As we said before, you are your own Mishkan, in you dwells divinity, you are an expression of His infinite light. If you allow yourself to enter, you will hear in the sound of your inner silence, the echo of His presence. You may not distinguish words, but you will feel the effect of them, because "he will put in you what your soul desires most, peace."

           

Shabat Shalom

Rav Mariano del Prado.


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