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5783 - Bo - Rabino David Laor

Shabat Shalom!


La porción de esta semana es Parashat Bo. En el Midrash Shemot Raba Parashat Bo, leemos: “El agua concibió y dio a luz a las tinieblas, el fuego concibió y dio a luz a la luz, el viento concibió y dio a luz a la sabiduría. Y bajo estas seis creaciones se comporta el mundo…”. Agua, tinieblas, fuego, luz, espíritu y sabiduría.


Esta porción semanal de la Tora, contiene mucha sangre. Muchas de las interpretaciones de la Torá están basadas, hablan, o se refieren a mucha sangre. La mayor parte del tiempo la sangre se ignora y mis sermones o los textos de muchos rabinos mas, hablan sobre la muerte y la resurrección, sobre el dolor en nuestras vidas al afrontar una muerte, sobre todo al tratar el difícil tema de la muerte de los primogénitos en Egipto, al tratar de explicar como una destrucción determinada de unos, conduce al crecimiento de otros. Otras veces los dirigentes comunitarios se enfocan mas en sus sermones hacia secciones más “tranquilas” de esta Parashá o quizás decidan hablar de la haftara.


Esto se debe en su mayoría, a que no es fácil tratar de explicar la violencia que aparece en esta sección de la Tora, una violencia que es muy ritualista. Con ello quiero decir que la violencia y el dolor, se muestran como parte de un proceso ritual de nacimiento. Aquellos que hayan presenciado un parto natural, sin epidural o gas calmante, habrán sido testigos de un proceso que es violento por naturaleza. La mujer ante los dolores tan fuertes que siente, grita, reclama, golpea, hay quienes inclusive maldicen. Lejos de ser algo suave, tranquilo o hermoso, justo el proceso por el cual llega un nuevo ser al mundo, es un proceso que si se hace naturalmente, puede ser muy agresivo y nada simpático, sobre todo para la mujer, es un proceso con abundante sangre por cierto. De igual manera, pareciera ser, que el nacimiento del pueblo judío al mundo, tuvo que estar acompañado de mucha sangre y mucha violencia. La muerte de los hijos primogénitos de los egipcios, seguramente habrá sido un muy difícil proceso de dolor, gritos y desesperación.


La sangre abundó. La mancha de sangre en los dinteles de las puertas de las casas del pueblo de Israel, marcó el lugar desde donde nacería cada uno de Bnei Israel al pasar por su apertura. El dolor físico y la presencia de sangre, también aparece al recordarnos el texto de Éxodo 12:47 que "ningún incircunciso comerá de la pascua", que sólo los varones circuncidados pueden comer del cordero pascual en el Seder de Pesaj. Es un recuerdo que está físicamente y para siempre en el cuerpo y en la carne de los varones de la casa de Israel. Es también un recuerdo que se siente físicamente al colocar en el brazo y entre los ojos los Tefilín.


Parashat Bo graba literalmente la memoria del Éxodo en el cuerpo de los hombres, y no de las mujeres. Y porque solo en los hombres? Porque unicamente fueron varones los que murieron en la ultima y mas terrible plaga de los primogénitos, porque solo los varones son circuncidados y con ello solo los varones son los que “sacrifican” parte de su cuerpo recién nacido, desde nuestro patriarca Abraham y hasta hoy, también en memoria del nacimiento con violencia, sangre y dolor, de una nueva nación: el pueblo de Israel.


Dentro de unos momentos mas, recitaremos la bendición del Kidush sobre el vino. En esta hermosa oración decimos: "Bendito eres Tu, Adonai, Dios nuestro, Rey del mundo, que nos santificaste con tus mandamientos y nos quisiste, y nos instituiste el shabat sagrado con amor y con Tu voluntad, un recuerdo del acto del Génesis. Porque es el primer día de las santas festividades, un recuerdo de la salida de Egipto". De esa manera se amalgaman semana con semana, el acto de la creación del universo con el acto del éxodo de Egipto. El libro del Génesis abre con el caos y oscuridad sobre la faz de un abismo, mientras que el libro del Éxodo abre con otro caos, una especie de pesadilla continua que viven egipcios e israelitas, que por destino divino, se encuentran entremezclados en una continua tortura mutua: el dolor del pueblo de Israel por la esclavitud, y el dolor del pueblo egipcio por el efecto de las diez plagas. Es un proceso forzado por la divinidad, al “endurecer el corazón de faraón” una y otra, y otra vez… Es una decisión divina que no les permite separarse tranquilamente unos de otros, sino solo a través del dolor, la violencia física y la sangre.

El nacimiento del pueblo de Israel en Parashat Bo, es de hecho el nacimiento de un pueblo, como fue mostrado el la tradicional película del cine que seguramente ya habrán visto: “Los diez mandamientos” y que trata de mostrar, la lucha de las fuerzas del bien y las fuerzas del mal, logrando salvar a los buenos en el último momento y destruyendo al mal. Y luego un silencio casi total, en la soledad del desierto… Lo que muestra Parashat Bo es casi una ceremonia que involucra dolor, creada en torno al nacimiento del pueblo, un recuerdo del dolor que persiste en ceremonias que aún duelen hoy, sobre todo a las madres de pequeños bebes, que están por llevar a cabo la ceremonia del Brit Mila, o para quienes ya de adultos, hayan llevado a cabo una circuncisión. Algunos jóvenes Bar Mitzva, por cierto comentan sobre el dolor y el entumecimiento que les genera en sus brazos, el colocarse por vez primera los Tefilin.


La cuestión es si así debiéramos de percibir y festejar nuestra festividad de la salida de Egipto. Todos sabemos que de hecho, no es así, que el Seder de Pesaj es una gran y hermosa fiesta, muy tranquila y alegre, donde no hay dolor, ni violencia ni mucho menos sangre. ¿Cómo es que los sabios lograron separarnos de aquella violencia, dolor y tanta sangre, que fueron lo mas común que se vivió un 15 de Nisan en Egipto? ¿Cómo es que logramos año con año, aprender a regocijarnos en el nacimiento de nuestra nación de Israel, sin recordar en lo mas mínimo ni la violencia, ni el dolor ni la sangre? ¿cómo podemos aprender a regocijarnos en nuestra propia independencia personal, y lograr liberar a “nuestro propio Egipto” de nosotros en armonía, paz y amor? ¿Cómo es que aprendimos a no recordar a Egipto con odio, hasta hoy en día? ¿cómo se logra dar a luz a un pueblo, o a un ser humano dado el caso, con ternura y tranquilidad? Muchas mujeres prefieren la opción de epidural o gas tranquilizante precisamente, para que la experiencia sea menos traumatizante, y que no sientan miedo de lo que está a punto de suceder allí.


Quizás, el punto de partida para el proceso de nacimiento de un ser humano, así como de todo un pueblo, sea la confianza y la fe, de que el cuerpo de una mujer, ha sido creado en una imagen divina, y como tal, está destinado y preparado para dar a luz, que no se trata de una “lucha de los buenos contra los malos” como se ve en forma sencilla en la Tora, sino que se trata del trabajo conjunto del pueblo que nace, de cada ser humano, con las fuerzas de quien inicio Bereshit, la creación. Cuando lo experimentamos de esta manera, logramos una visión muy importante. Es un punto de vista que permite un cambio y creación, que permite curarnos de ese y de cualquier otro evento traumático que hayamos experimentado en nuestras vidas y de recuperarnos por completo. Es avanzar más allá de la memoria de dolor, violencia y sangre que aparecen en nuestros textos, y de las señales en nuestros cuerpos. El miedo, el odio, la violencia y la sangre rodearon al pueblo de Israel en su salida de Egipto. Pero hoy, en nuestro propio “éxodo personal” que vivimos algunos en nuestras vidas, creo que vale la pena recordar cuánto nos beneficiaremos con tan solo saber que nuestros cuerpos nacionales o individuales, son parte de un proceso y que esos cuerpos y almas, fueron creados precisamente para vivir esas experiencias y resurgir totalmente recuperados y con paz. Creo que es una sabia forma de dejar atrás recuerdos traumáticos de nuestras vidas, y reemplazarlos con actos de curación, pues así la vida se vuelve más simple, es menos turbulenta, permite la vida, con bien, felicidad y SHALOM.

Shabat Shalom!

27 de Enero, 2023

Rabino David Laor

 

Shabbat Shalom!


This week's portion is Parasha Bo. In the Midrash Shemot Raba Parashat Bo, we read: “Water conceived and gave birth to darkness, fire conceived and gave birth to light, wind conceived and gave birth to wisdom. And under these six creations the world behaves…”. Water, darkness, fire, light, spirit and wisdom.


This weekly Torah portion contains lots of blood. Many of the interpretations of the Torah are based on, speak of, or refer to a lot of blood. Most of the time blood is ignored and my sermons or the texts of many more rabbis talk about death and resurrection, about the pain in our lives when facing death, especially when dealing with the difficult subject of the death of the firstborn in Egypt, trying to explain how a certain destruction of some leads to the growth of others. Other times the community leaders focus more in their sermons towards more “quiet” sections of this Parashah or perhaps they decide to talk about the haftara.


This is mostly because it is not easy to try to explain the violence that appears in this section of the Torah, a violence that is very ritualistic. By this I mean that violence and pain are shown as part of a ritual process of birth. Those who have witnessed a natural birth, without an epidural or soothing gas, will have witnessed a process that is violent in nature. The woman before the pain so strong that she feels, screams, claims, hits, there are those who even curse. Far from being something smooth, calm or beautiful, just the process by which a new being enters the world is a process that, if done naturally, can be very aggressive and not nice at all, especially for women, it is a process with lots of blood by the way. In the same way, it seems that the birth of the Jewish people into the world had to be accompanied by lots of blood and a lot of violence. The death of the firstborn children of the Egyptians will surely had been a very difficult process of pain, screams and despair.


The blood abounded. The blood mark on the lintels of the doors of the houses of the people of Israel, marked the place from where each one of Bnei Israel would be born when passing through its opening. Physical pain and the presence of blood also appear when reminding us of the text of Exodus 12:47 that "no uncircumcised shall eat of the Passover", that only circumcised males can eat the Paschal lamb in the Pesach Seder. It is a memory that is physically and forever in the body and in the flesh of the men of the house of Israel. It is also a memory that is physically felt when placing the Tefillin on the arm and between the eyes.



Parashat Bo literally engraves the memory of the Exodus on the bodies of men, not women. And why only in men? Because it was only men who died in the last and most terrible plague of the firstborn, because only men are circumcised and thus only men are the ones who "sacrifice" part of their newborn body, since our patriarch Abraham until today, also in memory of the birth with violence, blood and pain, of a new nation: the people of Israel.


In a few moments, we will recite the Kiddush blessing over the wine. In this beautiful prayer we say: "Blessed are You, Adonai, our God, King of the universe, who sanctified us with your commandments and desired for us, and instituted the sacred Shabbat with love and with Your will, a memory of the act of Genesis. Because it is the first day of the holy festivities, a memory of the Exodus from Egypt". In this way, week after week, the act of the creation of the universe is amalgamated with the act of the exodus from Egypt. The book of Genesis opens with chaos and darkness on the face of the abyss, while the book of Exodus opens with another chaos, a kind of continuous nightmare lived by Egyptians and Israelites, who by divine destiny find themselves intermingled in a continuous mutual torture: the pain of the people of Israel for slavery, and the pain of the Egyptian people for the effect of the ten plagues. It is a divinely forced process, by “hardening the heart of Pharaoh” over and over and over again… It is a divine decision that does not allow them to separate peacefully from each other, but only through pain, physical violence and blood.


The birth of the people of Israel in Parashat Bo, is in fact the birth of a people, as was shown in the traditional film that you have surely already seen: "The Ten Commandments" and which tries to show the struggle of the forces of good and the forces of evil, managing to save the good at the last moment and destroying the evil. And then an almost total silence, in the solitude of the desert... What Parashat Bo shows is almost a ceremony that involves pain, created around the birth of the people, a memory of the pain that persists in ceremonies that still hurt today, especially to the mothers of small babies, who are about to carry out the Brit Mila ceremony, or for those who, as adults, have carried out a circumcision. Some young Bar Mitzvahs, by the way, comment on the pain and numbness that comes from putting on the Tefillin for the first time in their arms.


The question is whether this is how we should perceive and celebrate our festivity of the departure from Egypt. We all know that in fact, it is not like that, that the Pesach Seder is a great and beautiful festivity, very calm and joyful, where there is no pain, no violence and of course, no blood. How did the sages manage to separate us from that violence, pain and so much blood, which were the most common thing that was experienced on the 15th of Nisan in Egypt? How is it that we manage, year after year, to learn to rejoice in the birth of our nation of Israel, without remembering in the least the violence, the pain or the blood? How can we learn to rejoice in our own personal independence, and succeed in freeing “from our own Egypt” in harmony, peace, and love? How is it that we learned not to remember Egypt with hate, until today? How is it possible to give birth to a people, or to a human being for that matter, with tenderness and tranquility? Many women prefer the option of an epidural or tranquilizing gas precisely so that the experience is less traumatizing, and they do not feel afraid of what is about to happen there.


Perhaps the starting point for the birth process of a human being, as well as of an entire people, is the trust and faith that a woman's body has been created in a divine image, and as such, is destined and prepared to give birth, that it is not about a "fight of the good against the bad" as is seen in a simple way in the Torah, but that it is about the joint work of the people that is born, of each human being, with the forces of the One who started Bereshit, the creation. When we experience it this way, we achieve a very important insight. It is a point of view that allows for change and creation, that allows us to heal from that and any other traumatic event that we had experienced in our lives and to fully recover. It is moving beyond the memory of pain, violence and blood that appear in our texts, and the signs on our bodies. Fear, hatred, violence and blood surrounded the people of Israel on their way out of Egypt. But today, in our own "personal exodus" that some of us live in our lives, I think it is worth remembering how much we will benefit from just knowing that our national or individual bodies are part of a process and that those bodies and souls were created precisely to live those experiences and emerge fully recovered and with peace. I think it's a wise way to leave behind traumatic memories of our lives, and replace them with acts of healing, as life becomes simpler, less turbulent, allows life, with good, happiness and SHALOM.

Shabbat Shalom!

January 27th, 2023

Rabbi David Laor

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