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5782 - Truma - Rabino David Laor

Shabat shalom!

La porción de esta semana es Parashát Truma. Esta porción y las porciones que le siguen, nos llevarán a conocer los detalles sobre la construcción del Mishkán, el tabernáculo temporal que acompañó al pueblo de Israel durante su peregrinar cuarenta años en el desierto, y mucho después hasta que el Rey Salomón construyó el primer templo. La parashá abunda en detalles sobre los tipos de materiales, las dimensiones, las cantidades de cada objeto y material, una composición muy definida acorde a lo que el creador del tabernáculo, o sea la divinidad lo solicitó. Ya desde los primeros versículos de la porción Trumá, el lector se encuentra ante una situación desconcertante, pues el texto indica dos afirmaciones que son totalmente contradictorias entre sí. En el libro de Éxodo 25:2 se lee el mandamiento siguiente: “2 Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda, de todo varón que la dé de su voluntad, de corazón tomarán mi ofrenda”, o sea que el Eterno solicita muy amablemente que las personas (hombres) ofrezcan donativos acorde a lo que su corazón diga, lo que sea su voluntad dar. Sin embargo, los siguientes cinco versículos mencionan algo totalmente opuesto y detallado: “3 Esta es la ofrenda que tomarás de ellos: oro, plata, cobre, 4 azul púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, 5 pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, 6 aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, 7 piedras de ónice, y piedras de engaste para el efod y para el pectoral.” ¿No se había dicho en el versículo anterior que era acorde a la voluntad de cada individuo? ¿Porqué del cambio? No tan solo este versículo es de difícil explicación, sino que al final de la larga lista de catorce objetos, termina el texto con una declaración aún más sorprendente: "8 Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos", el texto no dice que Dios vaya a estar en el tabernáculo sino “en medio de ellos” o sea del pueblo de Israel. ¿Cómo se explica la contribución personal de voluntad del corazón, con esta meticulosa lista de objetos? y lo que es más insólito, ¿Cómo se explican estas peticiones para construir un lugar sagrado, sabiendo que toda la construcción del templo no es para que el Eterno esté ahí, sino para que Dios habite dentro de nosotros? ¿Para que entonces construir un tabernáculo? Una manera de analizar este aparente desconcierto, es leer el texto de una forma distinta, que nos permita discutir la cuestión más básica: ¿Cuál es la diferencia entre las necesidades de una persona y lo que terceros puedan proporcionarle? Les daré un ejemplo. Hace unas semanas, me tope en una calle en la Sabana frente a la Pops, a una persona que actúa mendigando disfrazado en una forma muy peculiar. Al parecer se ha hecho famoso, por estar vestido con bolsas de plástico, y con su cara cubierta de barro. Le conocen como “el hombre de barro” quien suele pedir ayuda economica a los que se detienen en ese semáforo. En esa ocasión llevaba yo un pan de Jalá que había sobrado del servicio de Shabat y como no suelo llevar dinero en efectivo, se me ocurrió al verlo, darle la Jalá como una muestra de simpatía y de apoyo, pues seguramente pensé yo, le resultaría beneficioso tener ese pan en su mesa. Para mi sorpresa, me contestó algo molesto y cortante que “el no recibía pan” y se fué caminando al siguiente auto. La sensación que tuve fué de sorpresa y enojo. Supongo que muchas personas que siendo pobres y que tienen la necesidad de pedir ayuda en las calles, les hubiera gustado mucho el tener Jalá. Pero las necesidades de este individuo y mi concepto de ayuda que pudiera proporcionarle no eran en lo absoluto compatibles uno con el otro. Esta persona solo quería dinero, y mi concepto de ayuda al parecer le fue molesto. Me sentí ofuscado y sin entender.De hecho quizás a cada de uno de ustedes les haya sucedido algo similar, no tan solo con personas en la calle, sino con sus propias familiares o amistades. Todos damos a los que nos rodean, cada uno a su manera y desde su propio corazón y en base a las experiencias que haya tenido en su vida. El deseo interior de contribuir, de ayudar, de ser parte del pueblo es importante y significativo. Sin ese deseo, no habría la amistad, ni la cercanía, ni mucho menos una comunidad. Pero surge la pregunta: ¿Realmente entiendo la diferencia entre lo que yo puedo o quiero dar y las necesidades de la persona, amistad, o familiar que tengo frente a mi? ¿Cómo saberlo? Quizás la forma de comprenderlo es tratando de ubicarnos en el otro lado de la situación, no del que dá sino del que pide ayuda. Cuando necesitamos la ayuda y el apoyo de otros, cada uno de nosotros tiene en su mente, necesidades variadas que no necesariamente son reflejadas con la ayuda que nos ofrecen, no era lo que esperábamos. A veces intuímos con quién acudir, o a quién pedir ayuda y apoyo, y muchas veces seguramente vamos con la persona equivocada. La cuestión de qué y quién puede construirnos, de cómo podemos avanzar, de saber en qué forma podemos elevar nuestro espíritu a un lugar má sublime es algo muy personal. La capacidad de ser preciso, claro y detallado, de saber exigir lo que necesitamos es importante y significativa. Esta persona de barro, no es detallada, no trae un anuncio de qué pide o porqué, y por eso cuando se enfrenta a personas que le ofrecen algo que no sea dinero, simplemente se molesta, y junto con el, la persona que le ofrece la ayuda se molesta también, exactamente como me sucedió a mí. Pero creo que no debería de haberme molestado, después de todo, mi intento de ayudar era sincero y bien intencionado, solo que incompatible con sus necesidades. Cuando nosotros mismos pedimos ayuda, diferentes personas seguramente tratarán de darnos lo mejor de sus corazones, con una gran buena voluntad y cariño. Pero Jaz vejalila! Dios no lo quiera y vayamos a subestimarlo y ser mal agradecidos! Por un lado, la capacidad de ver todo lo que llegue a nuestra vida como un regalo, es un regalo en sí mismo, una bendición. Pero por otro lado, para construir una verdadera asociación, una conexión especial y distinta, para construir y mantener esta comunidad, este templo, esta sinagoga, para desarrollar una comunidad, una kehilá, se necesita partir de la capacidad de ofrecer parte de las contribuciones requeridas, de lo que la comunidad realmente necesita. Sería hermoso recibir en esta comunidad un donativo de mil toallas, ¿pero en que se van a utilizar? Cuando se sabe qué pedir, y se conocen cuáles son las cosas que edificarán, que mantendrán al tabernáculo, al templo a la comunidad funcionando, es cuando se puede construir con los amigos, los colegas, los familiares, y todos los que nos rodean un templo, que va a ser compartido por todos y que cubra las necesidades espirituales de todos los que participan en el. Martin Buber, filósofo y escritor judío austríaco-israelí, nos enseñó a diferenciar entre dos tipos de relaciones: “yo y mi prójimo”, y la relación “yo y tú”. La relación de “yo y mi prójimo” es una relación de provecho, como en una compra-venta, en una renta, en un asunto legal o de servicio. La relación entre “yo y tú”, yo y los demás es una relación más significativa, no de provecho, es una relación de cercanía, de profundidad espiritual, de compartir. En tal relación, según Buber, es donde mora la Shejina, la presencia Divina. Cuando sabemos con detalle qué pedir en nuestras vidas, podremos obtener lo más cercano a lo que la otra parte puede dar. Juntos en una relación de “tu-y-yo”, personal, verdadera, honesta y abierta, es cuando podremos crear no tan solo un templo para la divinidad, sino un espacio interno y personal, en el cual la divinidad viva en nuestros propios corazones cumpliendo lo que está bellamente descrito “Veshajantí betojam...y habitaré en medio de ellos”.

Shabat Shalom!

Rabino David Laor

4 de Febrero, 2022


 

Shabbat shalom!

This week's portion is Parashat Truma. This portion and the portions that follow will take us into the details of the construction of the Mishkan, the temporary tabernacle that accompanied the people of Israel during their forty-year pilgrimage in the desert, and long afterward until King Solomon built the first temple. The parasha abounds in details about the types of materials, the dimensions, the quantities of each object and material, a very defined composition according to what the creator of the tabernacle, that is, the divinity requested. Already from the first verses of the Trumá portion, the reader finds himself before a disconcerting situation, since the text indicates two affirmations that are completely contradictory to each other. In the book of Exodus 25:2 the following commandment is read: "2 Speak unto the children of Israel, that they bring Me an offering. From every man who giveth it willingly with his heart ye shall take My offering", that is, the Eternal very kindly requests that people (men) would offer donations according to what their hearts say, whatever they want to give. However, the next five verses mention something totally opposite and detailed: “3 And this is the offering which ye shall take from them: gold and silver and brass; 4 and blue and purple and scarlet, and fine linen and goats’ hair; 5 and rams’ skins dyed red, and badgers’ skins, and shittim wood; 6 oil for the light, spices for anointing oil and for sweet incense; 7 onyx stones, and stones to be set in the ephod and in the breastplate”. Wasn't it said in the previous verse that the offerings would be according to the will of each individual? Why the change? Not only this verse is difficult to explain, but at the end of the long list of fourteen objects, the text ends with an even more surprising statement: "8 And let them make Me a sanctuary, that I may dwell among them", the text does not say that God will be in the tabernacle but "among them" that is, among the people of Israel. How can it be explained the personal contribution of the will of the heart, with this meticulous list of objects? And what is more unusual, how can these requests be explained to build a sacred place, knowing that all the construction of the temple is not for the Eternal to be there, but for God to dwell within us? Why then build do we need to build a tabernacle? One way to analyze this apparent confusion is to read the text in a different way, which allows us to discuss the most basic question: What is the difference between a person's needs and what third parties can provide? I'll give you an example. A few weeks ago, in a street in Savannah in front of Pops, I ran into a person who acts begging, disguised in a very peculiar way. Apparently he has become famous, for being dressed in plastic bags, and with his face covered in mud. People know him as "the mud man" who usually asks for financial help from those who stop at that traffic light. On that occasion I was carrying a Challah bread that had been left over from the Shabbat service and since I don't usually carry cash, when I saw him it occurred to me to give him Challah as a show of sympathy and support, because I thought, surely it would be beneficial to have that bread on his table. To my surprise, he answered me somewhat annoyed and sharp that "he would not receive bread" and walked to the next car. The feeling I had was surprise and anger. I suppose that many people who, are poor and have the need to ask for help in the streets, would have liked very much to have Challah in their tables. But the needs of this individual and my concept of help that I could provide him were not at all compatible with each other. This person just wanted money, and my concept of help seemed to annoy him. I felt confused and without understanding. In fact, perhaps each of you have experienced something similar, not only with people on the street, but with your own family or friends. We all give to those around us, each in his own way and from his own heart and based on the experiences had in life. The inner desire to contribute, to help, to be part of the people is important and significant. Without that desire, there would be no friendship, no closeness, much less a community. But the question arises: Do I really understand the difference between what I can or want to give and the needs of the person, friend, or family member in front of me? How to know this? Perhaps the way to understand this, is by trying to place ourselves on the other side of the situation, not the one who gives but the one who asks for help. When we need the help and support of others, each one of us has in his mind, varied needs that are not necessarily reflected with the help that they offer us, it may not have been what we expected. Sometimes we sense who to go to, or who to ask for help and support, and many times we surely go with the wrong person. The question of what and who can build us, how we can move forward, to know how we can elevate our spirit to a more sublime place, is something very personal. The ability to be precise, clear and detailed, to know how to demand what we need is important and significant. This “mud person” is not detailed, he does not carry with him an announcement of what he needs or what for, and that is why, when he faces people who offer him something that is not money, he simply gets upset, and along with him, the person who offers him the help gets annoyed too, exactly like it happened to me. But I think I shouldn't have bothered, after all, my attempt to help was sincere and well-intentioned, just incompatible with his needs. When we ourselves ask for help, different people will surely try to give us the best of their hearts, with great goodwill and affection. But Haz veHalila! God forbid and let's underestimate it and be ungrateful! On the one hand, the ability to see everything that comes into our lives as a gift is a gift in itself, a blessing. But on the other hand, to build a true association, a special and distinct connection, to build and maintain this community, this temple, this synagogue, to develop a community, a kehila, you need to begin from the ability to offer part of the contributions required, for what the community really needs. It would be nice to receive a donation of a thousand towels in this community, but what are they going to be used for? When you know what to ask for, and you know what are the things that will build, that will keep the tabernacle, the temple, the community running, it is when you can build with friends, colleagues, family, and everyone around us a temple, which will be shared by all and which will cover the spiritual needs of all those who participate in it. Martin Buber, an Austrian-Israeli Jewish philosopher and writer, taught us to differentiate between two types of relationships: “me and my neighbor”, and the “me and you” relationship. The relationship of "me and my neighbor" is a beneficial relationship, as in a purchase-sale, in a rent, in a legal or service matter. The relationship between “me and you”, me and the others is a more significant relationship, not of benefit, it is a relationship of closeness, of spiritual depth, of sharing. In such a relationship, according to Buber, is where the Shechina, the Divine presence, dwells. When we know in detail what to ask for in our lives, we can get the closest thing to what the other party can give. Together in a personal, true, honest and open "you-and-me" relationship, it is when we can create not only a temple for the divinity, but an internal and personal space, in which the divinity lives in our own hearts, fulfilling what is beautifully described “Veshachantí betocham… and I may dwell among them”.

Shabbat shalom! Rabbi David Laor February 4th, 2022



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