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5779 - Vayikra - Rabino Darío Feiguin

Antisemitismo, Discriminación e Identidad.

Parashat Vaikrá. Shabat Zajor. B´nei Israel, 2019


Rabino Darío Feiguin


Hace algunos años, no puedo olvidar esa escena, muchos de nosotros vimos cómo el periodista del Wall Street Journal, Daniel Pearl, fue secuestrado y decapitado por una célula terrorista en algún lugar de Pakistán. Tenía 38 años y su mujer estaba embarazada. Sus últimas palabras, tal vez obligado por sus asesinos, fueron: “Mi padre es judío y yo soy judío”.


En su memoria, sus padres editaron un libro titulado “Soy judío”, en el que 100 personalidades reconocidas mundialmente, explican brevemente, por qué se consideran judíos.


Tuve acceso a ese libro hace algún tiempo, y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo al recordar el horror que vi por la tele como si fuera un Reality Show; pero también al impactarme la respuesta de los padres de Daniel Pearl. Él dijo que era judío, y sus padres judíos, dieron una tremenda respuesta judía.


El odio anti-judío no es algo nuevo. Hace algunos años recuerdo un Kabalat Shabat en la Sinagoga donde yo trabajaba, que al dar la bienvenida a quienes llegan por primera vez desde todos lados, se paró un señor francés, y grito con vehemencia, su escándalo por el secuestro, tortura y brutal asesinato de Ilán Halimi, el joven judío que fue aprisionado por un grupo mafioso árabe y quien recibiera un trato “especial” por ser judío. Toda Francia estaba conmocionada. Y vaya uno a saber si la reacción del gobierno fue sólo cintura política, o si realmente se tomaron las medidas concretas para contrarrestar el creciente y tremendo antisemitismo en ese país.


Me viene a la mente el “tratamiento especial” que recibían los presos judíos de la Dictadura Militar en mi país y que Jacobo Timerman en su libro relata crudamente, a partir de su propia experiencia.


El odio anti-judío, decía, no es algo nuevo. Pero esto que pasaba hace muchos años es nada en comparación con la situación actual, ya no sólo en Europa, sino en forma impensada, también aquí en América. Después de la masacre de Pittsburgh algo cambió en la conciencia colectiva judía. No son sólo individuos aislados profanando tumbas en las oscuras, ocultas e invisibles noches de algún cementerio perdido. Algo nos hace recordar que la Shoá terminó hace sólo 73 años, y que entre las cenizas del odio anti-judío aún se esconden brasas de horror y muerte.


Precisamente este Shabat, conocido como “Shabat Zajor”, lieralmente “Shabat Recordaras”, leemos de un segundo Sefer Torá un párrafo dedicado a Amalek; el pueblo que hizo la guerra a los ex esclavos salidos de Egipto. El texto bíblico termina diciendo: “Borrarás la memoria de Amalek bajo los cielos. No olvidarás”.


Se lee siempre el Shabat anterior a Purim, para no olvidar la historia de otro antisemita de turno, Hamán, quien pretendía exterminar a la judería Persa, y terminó, como Uds. saben, colgado de un árbol, y los judíos de Persia se salvaron gracias a la belleza de la reina Ester, pero principalmente al valor de su primo Mordejai.


De ahí en más, la Historia está llena de capítulos de odio y discriminación anti-judíos, desde los Babilonios, los Griegos, los Romanos, quienes quemaban vivos a los rabinos, pasando por las tan cristianas Cruzadas que saqueaban pueblos enteros, los sótanos marranos y las hogueras de los también tan cristianos “Autos de Fe” de la Inquisición, que llegaron aún hasta Sudamérica (Basta con recorrer el Museo en Lima, Perú, para corroborar semejante aventura “espiritual” de la Iglesia Católica), hasta los Pogroms en Europa Oriental, el Horror incomparable de la Shoá, y los Atentados terroristas en Israel y en todo el Mundo.


No olvidarás, parece haberse convertido en una Mitzvá, tanto o más importante que no comer jamón o ponerse los tefilín.

Tiene que ver con diferenciar y discernir. Quién es amigo y quién no. Quién es un buscador de Paz y quién está motivado sólo por el odio.


No olvidarás, tiene que ver también con separar de nuestras vidas no sólo la discriminación anti-judía. Creo que tiene que ver con alejar de nuestras vidas la discriminación. Punto.


No discriminar al diferente: Al que se ve distinto porque su piel es de otro color, al que habla otro idioma o piensa diferente, al que no tiene el conocimiento o el dinero que tengo yo, al que trabaja para mí de algo que me resulta indigno y que yo no estoy dispuesto a hacerlo por mí mismo, al que limpia mi propia suciedad, al que tiene alguna discapacidad o habilidad especial.


Pero también, “No olvidarás” tiene que ver con la construcción de una identidad positiva propia.

Porque es importante recordar y desarticular el antisemitismo.

Porque es necesario neutralizar la discriminación, incluso aquélla que aun llevamos dentro.

Pero también es fundamental ser uno mismo. No sólo ser lo que nos señalan de afuera, casi siempre con una carga negativa y motivada por el odio.


“No olvidarás” es la Mitzvá de recordar no sólo aquello que no soy, o que no debería ser; sino que es apelar al encuentro de una identidad que se fundamenta en lo que si soy: en mis raíces, en mis valores, en mis creencias y convicciones y en mi forma de vida; la que tengo y la que sueño.


Por eso la respuesta de la familia Pearl me parece tan judía.

Por eso, aún cuando haya sido forzado a hacerlo, lo que dijo Daniel Pearl antes de ser asesinado me parece tan tremendamente esencial.


En este Shabat Zajor, en el que recordamos a quienes nos marcaron y nos siguen marcando con odio y sangre, mi respuesta es clara y contundente: A pesar de todo, pero especialmente porque así lo siento y así lo quiero, “¡Soy judío!”.


 

Antisemitism, Discrimination and Identity.

Parashat Vaikrá. Shabat Zachor. B´nei Israel, 2019


Rabbi Darío Feiguin


I will never forget that scene that many of us saw a few years ago, when the journalist from the Wall Street Journal, Daniel Pearl, was kidnapped and beheaded by a terrorist cell somewhere in Pakistan. He was 38 years old and his wife was pregnant. His last words, perhaps forced by his murderers, were: "My father is a Jew and I am a Jew."


In his memory, his parents published a book entitled "I am a Jew", in which 100 world-renowned personalities briefly explained why they consider themselves Jews.


I had access to that book some time ago, and a chill ran through my body as I remembered the horror I saw on TV as if it were a reality show; but also, the impact that Daniel Pearl's parents’ action had on me. He said he was a Jew, and his Jewish parents gave an outstanding Jewish response.


Anti-Jewish hatred is not something new. I remember a Kabbalat Shabbat some years ago in the Synagogue where I was working, when as I welcomed those who were there for the first time, visiting from many places, a French gentleman stood, and shouted with vehemence, his scandal for the kidnapping, torture and brutal murder of Ilan Halimi, the young Jew who was imprisoned by an Arab mafia group and who received a "special" treatment for being a Jew. All France was shocked. Yet how can one know if the reaction of the government was merely a politically correct response, or if they really took concrete measures to counteract the growing and tremendous anti-Semitism in that country.
The "special treatment" received by the Jewish prisoners of the military dictatorship in my country comes to mind, the treatment that Jacobo Timerman recounts crudely in his book, based on his own experience.

Anti-Jewish hatred, he said, is not something new. But that which happened many years ago is nothing compared to the current situation, not only in Europe, but in an unimaginable way, also here in America. After the Pittsburgh massacre something changed in the Jewish collective consciousness. It is not just isolated individuals desecrating tombs in the dark, hidden and invisible nights of some lost cemetery. Something makes us remember that the Shoah ended a mere 73 years ago, and that embers of horror and death still hide in the ashes of anti-Jewish hatred.
Precisely this Shabbat, known as "Shabbat Zachor", literally "Shabbat of Remembrance", we read from a second Sefer Torah a paragraph dedicated to Amalek; the people who waged war on the ex-slaves from Egypt. The biblical text ends by saying: "You will erase the memory of Amalek from under the heavens. You shall not forget. "
We always read the Shabbat before Purim, so as not to forget, the story of another anti-Semite of the moment, Haman, who tried to exterminate Persian Jewry, and ended, as you know, hanging from a tree, with the Jews of Persia saved thanks to the beauty, courage and cleverness of Queen Esther, but mainly thanks to the courage of her cousin Mordechai.
From then on, History is full of episodes of anti-Jewish hatred and discrimination, from the Babylonians, the Greeks, the Romans, who burned rabbis alive, through the so-called christian Crusades that plundered entire villages, the basements of the Marranos and those burned at the stake of the also so-called christian "Autos de Fe" of the Inquisition, which even reached South America (It is enough to visit the Museum in Lima, Peru, to corroborate such "spiritual" adventure of the Catholic Church), to the pogroms in Eastern Europe, the incomparable horror of the Shoah, and the terrorist attacks in Israel and throughout the world.
You shall not forget, seems to have become a Mitzva, as much if not more important than not eating ham or putting on tefillin. It has to do with differentiating and discerning. Who is a friend and who is not? Who is a seeker of Peace and who is motivated only by hatred?
You shall not forget, also has to do with separating from our lives not only anti-Jewish discrimination. I believe it has to do with distancing discrimination from our lives. Period.

Do not discriminate against the different: He who looks different because his skin is of another color, who speaks another language or thinks differently, who does not have the knowledge or money that I have, who works for me in labor that I consider unworthy and that I am not willing to do for myself, who cleans my own filth, who has some disability or special need.
But also, "You shall not forget" has to do with the construction of one’s own personal positive identity.
Because it is important to remember and dismantle anti-Semitism.
Because it is necessary to neutralize discrimination, including that which we still carry within us.
And because it is of fundamental importance to be oneself and not only to be that which they call us, almost always with a negative charge and motivated by hatred.
"You shall not forget" is the Mitzva of remembering not only that which I am not, or should not be; but it is to appeal to the discovery of an identity that is based on what I am: in my roots, in my values, in my beliefs and convictions and in my way of life; the one that I have and the one of which I dream.
That is why the response of the Pearl family seems so Jewish to me.
That is why, even if he was forced to do so, what Daniel Pearl said before he was killed seems to me to be so tremendously essential.
In this Shabbat Zachor, in which we remember those who marked us and continue to mark us with hatred and blood, my answer is clear and forceful: In spite of everything, but especially because this is what I feel, and this is what I want, "I am a Jew! " 

Translated by Jody Steiger 
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