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5777 - Mishpatim - Rabino Darío Feiguin

Matar animales por placer

Parashat Mishpatim. B´nei Israel, 2017


Rabino Darío Feiguin


Hace algunos años, el entonces vice-presidente de los estados Unidos, Dick Cheney, se fue a cazar. Pero ocurrió algo trágico.

En un momento, seguramente invadido por la adrenalina con la que dicen sentirse invadidos aquellos que juegan con la vida y la muerte, una bala le pegó a su vecino. Por suerte no lo mató. Imagínense el revuelo! El vicepresidente casi mata a una persona. Imagínense también lo que habrán hecho sus abogados para evitar una demanda judicial millonaria.


Pero este no es el punto que me interesa. Lo que me interesa que aprendamos como judíos, es que no nos es permitido jugar con la vida y la muerte.


En primer lugar, con la vida de los animales. La Mitzvá se llama “Tzáar baaléi jaím”, y nos llama a no causarles ningún sufrimiento gratuito.

No nos está permitido matar animales por placer. A pesar de que hay gente que se divierte cazando, para nosotros los judíos es una profanación de la vida, y es una de las 613 Mitzvot.


Ya en la Torá hay leyes que regulan la conducta humana de desprecio y humillación frente a la naturaleza y frente a los animales.


La Mitzvá “Shilúaj haken”, nos ordena ser sensibles y no tomar los pollitos en presencia de su madre. Este es uno de los ejemplos de esta línea de pensamiento judío.


La forma de hacer “Shejitá”, es decir, la matanza ritual para comer, es una de las reglamentaciones básicas del Kashrut, y tiene que ver con provocar el menor sufrimiento posible al animal; teniendo en cuenta que Kashrut es una concesión divina hacia el hombre y sus miserias; ya que el ideal bíblico pareciera ser el vegetarianismo.


La Torá nos permite matar para comer, pero pidiendo permiso para quitar vida y siendo conscientes de un acto que nos puede llevar a la deshumanización del ser.


Muchos animales matan a otros para comer.

Lo que no vemos en la naturaleza, es que se mate por deporte, o porque es divertido.

El Hombre es el único ser que hace esto. Y me pregunto quién es más animal; ¿la víctima o el victimario?

Pudiendo ser humanos, a veces caemos más bajo que los animales.


Nunca fui a una corrida de toros, de esas que se hacen en España, aunque lo vi por televisión. Vi la sangre; vi el poder; vi la muerte lenta, y hasta la morbosidad de regalar la oreja del animal como trofeo. También vi por la tele las corridas de toros aquí en Costa Rica. Créanme: No tienen nada de judío.


Las riñas de gallos, las persecuciones de zorros, y hasta las carreras de caballos en los hipódromos, los circos con animales adiestrados, son formas de diversión que no tienen en cuenta el precepto bíblico de “tzáar baaléi jaím” y están prohibidos por la Halajá.


Es fácil entender por qué todas estas actividades están prohibidas en Israel. Tiene que ver con la sensibilidad del individuo, y con la construcción de una sociedad sensible.


Pero quisiera dar un paso más adelante: Hay un límite casi imperceptible entre matar animales y matar personas.

A veces, la adrenalina, el instinto ciego, el creernos con el poder de elegir quién vive y quién muere, nos puede llevar a esta degradación del ser.


La Historia está repleta de ejemplos, y muestra memoria colectiva no puede olvidar las selecciones de los SS en los campos de exterminio, cuando los animales judíos bajaban de los hacinados trenes para su exterminio y cremación.


Jugar con la vida de animales está “a un pelito” de jugar con la vida de las personas.


Lamentablemente, eso parece estar sucediendo en un Mundo en guerra, polarizado, en el que aún los líderes del supuesto grupo de los buenos, se dedican a cazar por placer.


Los que estamos en el medio y no aceptamos esta simplificación persa de la ética, podemos hacer mucho desde nuestro lugar, y como buscadores de paz.

Podemos confrontar la destrucción de la Naturaleza, la matanza estúpida de vida y la profanación del Nombre divino a partir de la insensibilidad humana.


No podemos actuar haciendo sólo lo que se nos antoja.

Debemos también actuar haciendo lo correcto.


Y para nosotros, como judíos, lo correcto es cumplir con las Mitzvot de la Torá; no porque creemos que hay una conexión mágica entre el cumplimiento y el destino del Hombre, sino porque creemos que nuestra conciencia al cumplir una Mitzvá será la que forje nuestro propio destino.


Viviendo como judíos podemos combatir la locura de este Mundo. No es el único camino posible. Pero es el nuestro.


Los invito a intentar crecer en Mitzvot, en conciencia y en sensibilidad.

Estoy seguro que de esta manera podremos recrear un Mundo un poquito mejor.


 

Killing Animals for Pleasure

Parashat Mishpatim. B’nei Israel, 2017


Rabbi Darío Feiguin


Some years ago, Dick Cheney, Vice-president of the United States at the time, went hunting. But something tragic happened.


At one point, probably imbued with the adrenaline that is said to invade those who play with life and death, a bullet hit his neighbor. Luckily it did not kill him. Imagine the commotion! The VP almost killed a person. Imagine also what his lawyers must have done to avoid a million-dollar law suit.


However, this is not the point I am interested in. What I want us to learn as Jews is that we are not allowed to play with life and death.


In the first place, with the lives of animals. The mitzvah is called “Tzaar baalei chaim”, and it calls on us to not cause them any gratuitous pain. We are not allowed to kill animals for pleasure. Even though there are people that have fun hunting, for us Jews this is desecration of life and one of the 613 Mitzvot.


There are laws in the Torah that regulate the human behavior of contempt and humiliation towards nature and animals.


Mitzvah “Shiluach haken” orders us to be sensitive and not take the chicks in the presence of their mother. This is one of the examples of this line of Jewish thought.


The way of doing “Shechita”, meaning the ritual slaughtering for food, is one of the basic rules of the Kashrut, and it has to do with causing the least amount of suffering possible for the animal; taking into consideration that the Kashrut is a divine concession towards humanity and its hardships; since the Biblical ideal would seem to be vegetarianism.


The Torah allows us to kill to eat, but first asking for permission to take life and being always aware of an action that can lead to our dehumanization.


Many animals kill others for food.

What we do not see in nature is killing for sport or fun.

Man is the only one that does this. And I wonder who is more animal: the victim or the killer?

Being able to be human, sometimes we fall lower than the animals.


I never went to a bullfight, like those that are done in Spain, even though I have seen them on television. I saw the blood, the power, the slow death, and even the morbid curiosity of giving away the ear of the animal as a trophy. I have also seen on TV the bullfights here in Costa Rica. Trust me: there is nothing Jewish about them.


Cockfights, foxhunting, and even horseracing on the racetrack, circuses with trained animals, are all amusement forms that do not hold the Biblical precept of “tzaar baalei chaim” and are forbidden by the Halachah.

It is easy to understand why all these activities are forbidden in Israel. It has to do with the thoughtfulness of the individual and the construction of a sensitive society.


But I would like to take this one step further. There is an almost imperceptible limit between killing animals and killing people.

Sometimes, the adrenaline, the blind instinct, the belief that we have the power to choose who lives and who dies, might lead us to this degradation of the person.


History is full of examples and our collective memory cannot forget the SS selections in the death camps, when the Jewish animals came out of the packed trains for their extermination and cremation.


Playing with the lives of animals is “a hair” away from playing with the lives of people.


Unfortunately, this seems to be happening in a world at war, polarized, when even the leaders of the supposedly good side hunt for pleasure.


Those of us in the middle, who do not accept this Persian simplification of ethics, can do a lot from our place as seekers of peace.

We can confront the destruction of Nature, the stupid killing and the desecration of the divine Name stemming from human insensitivity.


We cannot act by only doing what we want.

We must also act by doing the right thing.


And for us, as Jews, the right thing is fulfilling the Torah’s Mitzvot; not because we believe there is a magical connection between their observance and the destiny of Man, but because we believe that our own conscience when we uphold a Mitzvah will forge our own destiny.


By living like Jews, we can fight the madness in this world. It is not the only possible way. But it is our way.


I invite you to try to grow in the Mitzvot, in conscience and sensitivity.

I am confident that in this manner we will be able to recreate a world that is a little bit better.


Translated by Tamara Baum



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