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5776 - Ki Tisa - Rabino Darío Feiguin

“Avodá Zará” vs “Avodá Shebalev”

Parashat Ki Tisá. B´nei Israel, 2016


Rabino Darío Feiguin


La semana pasada, a propósito de Parashat Tetzavé y del Ner Tamid, decíamos que para la tradición judía no es tan importante ver la luz, sino ver cómo todas las cosas se iluminan gracias a esa luz. La implicancia teológica es clara: más importante que la metafísica, es la ética. No tanto cómo D´s es, sino qué es lo que nos enseña y cuál es la conducta que espera de nosotros, como socios en la Creación constante del Mundo.


Esta semana, en la Parashá Ki Tisá, aparece el relato del Becerro de Oro: Una historia que se convirtió en un trauma en nuestra memoria colectiva, y que tiene que ver con la idolatría.


Hacía muy poquito que el Pueblo entero había presenciado la Revelación en Sinai; estaban frescos los milagros de la salida de Egipto; y sin embargo algo pasó. Moshé había subido al Monte para recibir las tablas, pero tardaba. Y el pueblo no aguantó y le pidió a Aarón, construir una imagen para adorar.


Algunos comentaristas aclaran que el Pueblo no pidió cambiar de D´s. Sólo pidió algo concreto para ver y tocar. Algo de afuera. Sin embargo, pasó lo que tenía que pasar.


Moshé baja y se enfurece al comprobar la traición. Rompe las tablas de roca y el Pueblo es castigado.


En hebreo el acto de idolatría se dice AVODÁ ZARÁ, que significa un culto extraño o externo. Y es así. El pueblo fue castigado por querer aferrarse a lo externo y no a lo interno de una idea revolucionaria.


Decía que la historia del Becerro de Oro quedó marcada como un trauma. Pero también nos deja la enorme enseñanza de volver a insistir una y otra vez con lo de adentro. No con la espuma de afuera. Y también nos confronta con la verdadera idolatría. No solo la metafísica, que pregunta en qué D´s creo, sino también la más práctica y cercana: ¿Qué es lo que endiosamos como si fuera D´s, pero que en realidad no es más que otro Becerro de Oro?


Los cientos de casos de impunidad son becerros de oro que se burlan del mandamiento de hacer y administrar Justicia.


Si los caminos que D´s nos marca, de responsabilidad, de ética, de sensibilidad y de justicia, son burlados, D´s mismo es burlado, a través de caminos que son un culto externo y extraño.


Lo mismo pasa en el plano más personal. Hay un culto a la estética exterior que se manifiesta a través de lo que se ve afuera, y que se manifiesta en cirugías de todo tipo, joyas, pieles y anorexias varias. Todos becerros de oro de nuestra época.


La frivolidad, la amistad por interés, el no ir de frente, el usar a otras personas, son todos becerros de oro.


El Judaísmo normativo, el que surge del grito de Libertad; del clamor profético por Justicia social, y de nuestros sabios y rabinos, de ética y Paz; este Judaísmo no admite becerros de oro, porque es el Judaísmo de adentro.


Podemos comer kasher, ponernos tefilín todos los días, vestirnos de negro y dejarnos la barba hasta las rodillas, pero eso es sólo lo que se ve afuera.


La verdadera religiosidad pasa por el universo interior, por el alma, o como dicen JAZAL (nuestros sabios de bendita memoria) por la AVODÁ SHEBALEV: por el culto del corazón.


Los primeros 2 mandamientos dicen que hay un D´s, y que no deberíamos tener otros exteriores.


Como si les dijera a las familias de un Bar o Bat Mitzvá: veamos el milagro de nuestro hijo ya adolescente, sano y llegando a comprometerse con el Pueblo Judío, y no nos dejemos confundir por la fiesta y los regalos.


Como si les dijera a los novios: celebremos nuestro amor, y no nos quedemos pegados en el vestido, el peinado y las flores.


Como si les dijera a quienes perdieron un ser querido: Lo que queda no está en el cementerio. Está dentro de nosotros, en nuestras memorias, en nuestro amor.


Que podamos superar la tentación de la AVODÁ ZARÁ, y ser capaces de acercarnos a una verdadera AVODÁ SHEBALEV, que más allá de lo que se vea afuera, abra nuestras almas hacia el infinito de D´s.


 

“Avodah Zara” vs “Avodah Shebalev”

Parashat Ki Tissa. B´nei Israel, 2016


Rabbi Dario Feiguin


Last week, regarding Parashat Tetzaveh and the Ner Tamid, we saw how in the Jewish tradition, seeing the light is not as important as the things we see because of that light. The theological implication is clear: ethics is more important than metaphysics. Not so much what G-d is like, but what He teaches us and how He expects us to behave as partners in the constant Creation of the World.


This week, in Parashat Ki Tissa, we get the story of the Golden Calf: a story that became a trauma in our collective memory, and that has to do with idolatry.


Not so long before, the People had witnessed the Revelation in Sinai; they were fresh from the miracles of the Exodus from Egypt; and yet something happened. Moses had gone up the mountain to receive the tablets, but he was taking too long. And the people could not wait, so they asked Aaron to build an image they could worship.


Some commentators clarify that the People did not ask to change gods. They only asked for something concrete they could see and touch. However, what had to happen, happened.


Moses came down from the mountain and was furious when he saw the treachery. He broke the stone tablets and the People were punished.


In Hebrew, the act of idolatry is called AVODAH ZARA, which means a strange or foreign cult. And it is so. The people were punished for wanting to hold on to something foreign, instead of the revolutionary idea within.


I said the story of the Golden Calf became something of a trauma. But it also left us an enormous teaching, by insisting once again on the importance of looking within. Not with the outside foam. And also, it confronts us with true idolatry. Not just metaphysics, which asks what G-d I believe in, but also the closer, more practical question: What do we make godlike as if it were G-d, but is really nothing more than another Golden Calf?


Hundreds of impunity cases are golden calves mocking the commandment of making Justice.


If we mock the paths of responsibility, ethics, sensitivity and justice marked out by G-d, we mock G-d through paths that are foreign and strange paths.


The same thing happens on a more personal level. There is a cult to the esthetics, manifested through everything that can be seen on the outside, surgeries of every kind, jewels, furs, and eating disorders. All of these are the golden calves of our age.

Frivolity, dishonest friendships, not saying things upfront, using other people, all are golden calves.


The normative Judaism that is born from the cry of Freedom, from the prophetic clamor for social Justice, from our sages and our Rabbis, out of ethics and Peace, this Judaism does not admit golden calves, because it is the Judaism of within.


We can eat kosher, wear tephilin everyday, dress in black and let our beards grow out to our knees, but all these are only on the outside.


True religiosity happens in the inside universe, in the soul, or as JAZAL (our sages of blessed memory) say, by the AVODAH SHEBALEV: by the cult of the heart.


The first two commandments say that there is only one G-d, and we should not have other exterior ones.


As I would tell the families of a Bar or Bat Mitzvah: let us look at the miracle of our healthy teenager committing to the Jewish People, and not get confused with the party and all the gifts.


As I would tell the bride and groom: let us celebrate your love and not get stuck on the dress, the hair or the flowers.


As I would tell those who have lost a loved one: what remains behind is not in the cemetery, it is within us, in our memories, in our love.


May we overcome the temptation of the AVODAH ZARA and be capable of approaching a real AVODAH SHEBALEV. Beyond what is seen on the outside, may we open our souls to the infinity of G-d.


Translated by Tamara Baum

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