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5776 - Beshalaj - Rabino Darío Feiguin

“La Música como acceso directo al Alma”

Shabat Shirá. B´nei Israel, 2016


Rabino Darío Feiguin



Dice el Midrash que todo el Pueblo de Israel, sin excepciones, estuvo de acuerdo con salir de Egipto, salvo 2 individuos, que no querían salir. Ellos eran Datán y Aviram. Dicen Jazal (nuestros sabios de bendita memoria) que estos dos individuos eran tan testarudos y malintencionados, que hasta querían unirse al Faraón cuando este persiguió al Pueblo después de arrepentirse de haberlos dejado ir. Los persiguieron una semana entera hasta que llegaron al Mar de los Juncos. Cuando Datán y Aviram vieron cómo las dos columnas de agua caían sobre los Egipcios y sus carruajes, aún allí siguieron dudando de haber elegido la Libertad.


Sólo en el momento en que escucharon la música de Miriam y el Pueblo que cantaba y bailaba, recién allí se arrepintieron verdaderamente, y según el Midrash, hicieron Teshuvá y llegaron a la revelación en Sinai.


Fíjense lo que nos dice el Midrash. Datán y Aviram fueron testigos de las plagas: la sangre, las ranas, la oscuridad, la muerte de los primogénitos. Pero nada de eso influyó en ellos. No fueron los hechos objetivos de la realidad lo que los hizo reflexionar sobre su postura maliciosa. Lo que los quebró, lo que los acercó, lo que los volvió a unir al Pueblo de Israel, fue “Az Iashir Moshé” El canto de Moshé e Israel, la shirá que le da el nombre a este Shabat.


¿Por qué? ¿Por qué la música es tan importante que es capaz de ablandar los corazones más endurecidos?


Yo creo que la Tefilá tiene varios caminos de acceso al interior del alma. El primero tiene que ver con la palabra. La palabra escrita en el Sidur, y también la palabra no escrita: Aquella que fluye espontáneamente, cuando aún sin leer, pedimos, recordamos, agradecemos.


El segundo camino de acceso es la música. Es un camino que a mi entender nos lleva más directamente que la palabra, hacia una dimensión en la que ya no podemos controlar, en la que no nos queda otra que reconocer nuestra fragilidad y vulnerabilidad.


La música es el fluido que nos permite atravesar este canal directo a la Neshamá; un canal que nos transporta hacia otros Mundos menos conocidos, menos racionales, y a los que a veces hasta nos da miedo penetrar.


Pero hay un tercer camino de acceso: el silencio. La música y el baile nos permiten viajar hacia lugares en los que el significado aparece recién después de la Vivencia; si somos capaces de aprehenderla como una experiencia; cuando las corcheas y semi-corcheas le dejan un lugar de privilegio al Silencio.


Para mi, es ahí, cuando la música calla su voz, en donde podemos percibir esa “Kol Demamá Daká” de Eliáhu, ese susurro silencioso que nos permite palpar la chispa divina que llevamos dentro, y que está más allá de las palabras, e incluso más allá de las melodías y los ritmos, acompañando nuestra Neshamá (alma) con nuestra Neshimá (respiración), y acompasando nuestra búsqueda espiritual con los latidos de nuestros propios corazones, que nos permiten reconocernos humanos.

Demasiado ruido y sin sentido tenemos allá afuera en la gran ciudad.


Porque es cierto. Muchas veces, como Datán y Aviram, nos encerramos en esquemas pre-fabricados, en conductas y posturas preestablecidas de las que nos cuesta zafar. Nuestras Vidas se tornan previsibles y nuestros sentimientos se adormecen y hasta se atrofian. Vivimos como robots funcionando en piloto automático.


Pero hoy estamos aquí. Venimos a rezar, a evaluar, a proyectar, a recordar, a agradecer.

No importa qué nos trae. Lo importante es que aquí estamos, no sólo como testigos, sino como protagonistas de la gran Shirá, del gran canto Universal a la Vida que nos propone nuestra condición humana y que hoy toma el aspecto y la forma judía de nuestras raíces.


Que cuando se acaben las palabras y cuando se agoten los sonidos nos quede ese tremendo silencio de la Presencia Divina inmanente dentro nuestro, para que al ser transformados, podamos tomar coraje e intentar también nosotros, transformar y recrear este Mundo inconcluso e imperfecto.



 

“Music as a Direct Path to the Soul”

Shabbat Shirah. B’nei Israel, 2016


By Rabbi Darío Feiguin



According to the Midrash, the entire People of Israel agreed to leave Egypt, except for 2 individuals, Dathan and Abiram. Chazal (Our Sages, may their memory be blessed) say that these two individuals were so stubborn and malicious that they wanted to join the Pharaoh even when he persecuted the Jews after repenting for letting them leave Egypt. They were pursued for a week until they reached the Sea of Reeds. When Dathan and Abiram saw two columns of water fall on the Egyptians and their chariots, they finally doubted the choice of Freedom they had made.


Only when they heard the music of Miriam and saw the People singing and dancing, they truly repented, and according to the Midrash, made Teshuvah and came to the revelation on Mt. Sinai.


Listen to what the Midrash says. Dathan and Abiram witnessed the plagues of blood, frogs, darkness and death of firstborn. But none of that affected them. What made them reflect on their malicious attitude was not the objective facts of reality. What broke them, what brought them closer, what made them rejoin the People of Israel was “Az Yashir Moshe”, The Song of Moses and Israel, the Shirah that gives its name to this Shabbat.


Why? What makes music soften the most hardened hearts?

I think the Tefillah provides several paths into the soul. The first of those paths is words, both the written word in the Siddur and the unwritten word that flows spontaneously when, without reading, we pray, remember and give thanks.


The second path is music. I believe this path leads us more directly into a dimension where we have no control and in which we have no choice but to recognize our fragility and vulnerability. Music is the vehicle that allows us to travel in this direct channel to the Neshama, a channel that transports us to less known, less rational Worlds that we sometimes are afraid to explore.


But there is a third path: silence. Music and dance enable us to travel to places where the meaning only reveals itself after the Experience, if we are able to seize it as such, when the quavers and semi-quavers give a privileged space to Silence.


For me, it is at that time when we recognize ourselves as humans, when the music silences its voice, when we listen to Elijah’s “Kol Demama Daka”, the whisper that allows us to feel the divine spark within us and is beyond words and even beyond melodies and rhythms, accompanying our Neshama (soul) with our Neshima (breath), keeping our spiritual search in time with the beat of our own hearts.


Out there in the big city there is too much noise and nonsense.


And, because this is true quite often, like Dathan and Abiram, we are surrounded by preconceptions, preset behaviors and attitudes that we cannot cut loose. Our Lives become predictable, our feelings become numb and they even atrophy. We live like robots on autopilot.



But we are here today. We come to pray, to evaluate, to project, to remember, to give thanks. It doesn’t matter what brings us here. The important thing is that we are here, not only as witnesses, but also as protagonists of the great Shirah, the great universal song of Life that defines our human condition and that takes on the Jewish appearance and shape of our roots.

Let us hope that when the words run out and the sounds become quiet, we are left with the tremendous silence of the immanent Divine Presence within us, so that when we are transformed, we can take courage to change and recreate this unfinished and imperfect World.


Translated by Helga Kuhlmann

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